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No me moverán

¡The economy, stupid!

Junio 1, 2010

Con esta frase (¡Es la economía, estúpido!) el candidato demócrata Clinton derrotó al republicano Bush (padre) en las elecciones norteamericanas de1992. Clinton hablaba de temas domésticos que importaban a los ciudadanos y por eso, junto a un dominio de la imagen en TV, ganó. En su primer mandato (1993/1997) el paro descendió, equilibró el presupuesto y redujo la deuda pública. Intentó la reforma sanitaria, pero el Congreso no se lo permitió. En la segunda legislatura (1997/2001) siguió mejorando la economía y relanzó la imagen internacional de EE. UU.

Parece que muchas democracias occidentales han olvidado la lección de Clinton, criticable por muchas cosas, pero bajo cuya presidencia la economía estadounidense y la mundial crecieron. Siendo demócrata hubiera que haber esperado una gestión con déficit público, endeudamiento externo y gastos sociales abultados; hizo lo contrario, porque si algo caracteriza a los Presidentes americanos es: patriotismo y pragmatismo (P. P. ¿Curioso no?).

Patriotismo y pragmatismo que les hace contar con los mejores expertos en cada campo, independientemente de la extracción ideológica. Patriotismo y pragmatismo para anteponer la economía a ataduras partidistas. Patriotismo y pragmatismo para primar los intereses de su nación a extrañas alianzas, aunque les apetezcan personalmente por razones ideológicas. La reacción del demócrata Obama ante el intento de mediación del brasileño Lula con Irán es un ejemplo. Lo ha dejado plantado en la Conferencia sobre la Alianza de las Civilizaciones, por ir contra los intereses norteamericanos.

¡Es la economía, …! le ha dicho el Congreso a Rodríguez Zapatero la semana pasada, en un sesión en la que se escenificó su aislamiento político. Incluso CiU pidió elecciones anticipadas después de abstenerse para permitir la convalidación del Real –Decreto Ley de medidas urgentes, el tijeretazo, evitando un desplome de la deuda y los mercados bursátiles ¿Patriotismo o pragmatismo?

Si ¡Es la economía! Una economía que requiere medidas más amplias y profundas que las aprobadas en esa sesión. Una economía que necesita orientaciones pragmáticas, alejadas de los anclajes ideológicos y una reforma laboral profunda; un golpe de timón enérgico.

Golpe de timón que no pueden dar los llamados a pactarla: los agentes sociales. UGT y CCOO no firmarán reducciones claras en las indemnizaciones por despido en los nuevos contratos; ni la tecno-estructura de la CEOE, ni la de los sindicatos quieren perder el monopolio de la negociación colectiva y descentralizarla. Sólo el Gobierno puede hacerlo. El Gobierno además de esas medidas, también puede reducir las cotizaciones sociales y reformar el mercado laboral con: horarios flexibles; movilidad funcional, movilidad geográfica y eliminación del monopolio de la intermediación oficial de las colocaciones del INEM dando entrada a empresas privadas más eficientes.

Si, al final, los sindicatos y la patronal pactan algo entre ellos, será un ‘pastiche’. No arreglarán nada; complicarán el panorama de los contratos; nadie se aclarará si se ha reducido o no la indemnización por despido para nuevos contratos; la descentralización de la negociación colectiva incluirá una centralización encubierta. Un lío. Por todo ello, las agencias internacionales seguirán calificando al mercado laboral español de muy rígido y eso dificultará la inversión productiva nacional y extranjera.

Por tanto, por favor, que el Gobierno gobierne; que haga un decreto-ley para la reforma laboral; que no de prórrogas a los agentes sociales; que se olvide de ellos; que no tema a la folclórica huelga general con la que los sindicatos amenazan. Da lo mismo, porque…. ¡Is the economy…!


José Ramón Pin Arboledas es profesor del IESE y Director del Executive MBA