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No me moverán

Teoría de la Corrupción

Abril 13, 2010

Estoy en Santo Domingo. Veo TVE 24 horas, sus telediarios y tertulias. La impresión: en España la corrupción recorre toda la geografía. Los Socialistas Madrileños atacan a la Presidenta de Madrid. La acusan de no haber sido suficientemente contundente en el caso Gurtel. Dos días después, el número dos del PSOE de esa Comunidad Autónoma es imputado junto con otros cargos de ese partido. Sus superiores los defienden y, precisamente por eso, quedan en evidencia. El ambiente aleja aún más a la clase política de los ciudadanos.

¿Cómo es posible que ocurra? El corrupto no nace, se hace. Como todo vicio la corrupción empieza por su hermano menor: la corruptela. Más de uno se despierta un día y sorprendido dice: “¡Anda, si soy corrupto!” Ha sido un proceso de aprendizaje lento pero imparable. El corruptor (no hay pecador sin tentador), ha ido tejiendo lentamente la pegajosa red de araña en la que su futura víctima-cómplice se encontrará atrapado.

Al principio son pequeñas adherencias, regalos sin importancia. Nadie entra en el despacho del político y pregunta: “¿Es usted corrupto?” Hay que tantear con cuidado para que la presa no salte asustada y eche a correr. Los regalos aumentan de importancia poco a poco, acostumbrando a la pieza, adormeciendo su conciencia, hasta el salto final, cuando la transferencia es en dinero puro y duro. Por eso el remedio es ser estricto, no aceptar ni un solo regalo. Más vale pasarse de “estrecho”.

Sociologísmo y legalismo

A la vez, el tentador busca teorías que respalden sus acciones. Las dos pseudo-éticas más utilizadas son: el sociologísmo y el legalismo. La primera, el sociologismo, consiste en la frase “lo hacen todos”; “es la cultura del país”; “es lo normal”; “el que no lo hace es tonto”. La segunda, el legalismo, se basa en la creencia de que la ley tiene siempre recovecos que permiten rodearla: hecha la Ley, hecha la trampa. Con ambas teorías, empleadas astutamente según el caso, el corruptor consigue reducir las suspicacias del futuro corrupto.

La creación de necesidades es otro mecanismo que extiende la corrupción. Como en el Evangelio, el tentador enseña un horizonte de riquezas y dice: “Todas ellas te daré si postrándome ante mí me adorases” (es decir, si hicieres todo lo que te diga). El futuro corrupto queda deslumbrado. Puede que la primera vez se niegue, pero en su mente quedara gravada la imagen de lo que pudo obtener. Si no las elimina de su cabeza, poco a poco le parece normal obtenerlas. Piensa: al fin y al cabo otros lo hacen.

La tipología de los corruptos da lugar a tres prototipos: el franco-tirador, el recaudador y el fantasma. El franco-tirador, trabaja solo; su eficacia es reducida, pero tiene la ventaja de la discreción. El recaudador pertenece a una red con la que reparte tareas y beneficios. Su eficacia es mayor que la del franco-tirador, pero su discreción es reducida. El fantasma no tiene eficacia, pero a veces goza de la suerte del audaz: pide ingresos que no corresponden a su capacidad de actuación.

Corrupción esporádica

Si hay una tipología personal también la hay sectorial. Hay sectores de corrupción esporádica, aquellos en los que las personas actúan generalmente de forma correcta, aunque siempre hay algunos que actúan incorrectamente; suelen ser conocidos en el sector.

Otros sectores son de corrupción generalizada, en ellos ocurre lo contrario; normalmente se trabaja de manera incorrecta y solo algunos, los más profesionales, actúan honestamente. Finalmente, hay sectores de corrupción institucionalizada, donde si intentas trabajar correctamente eres expulsado del mercado. A la hora de elegir trabajo o negocio hacer el análisis ético del sector es necesario. Si se elige trabajar en los dos últimos hay que ser consciente de los riesgos y actuar en consecuencia para no caer en la tentación.

En todo caso el éxito del corrupto es difícil. Conseguir la discreción en los ingresos exige dominar técnicas complejas y costosas. Mantener la discreción en los gastos es  más difícil. Al fin y al cabo ¿para que sirve atesorar dinero si no se disfruta de su capacidad de compra? Lo más complicado es saber parar. Decidir que ya es suficiente. Lo que las últimas noticias muestran es que: la avaricia rompe el saco.

En conclusión, la corrupción va con el ser humano. Lo importante es que existan mecanismos para prevenirla, para detectarla y el coraje cívico de castigarla. Porque mientras el ser humano existe la posibilidad de que aparezca.

José Ramón Pin Arboledas es Profesor del IESE y Director del Executive MBA Madrid