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Los puntos cardinales

Teles de plasma para ver las barbaridades de Maduro

Noviembre 19, 2013

Nicolás Maduro sabe ya que gracias a una ley de nombre eufemístico aprobada hace sólo unas horas, -la Ley Habilitante-,  y a través de una descarada artimaña legislativa, va a poder Gobernar a golpe de decreto sin limitación institucional alguna. La excusa para reclamar estos poderes al Parlamento ha sido la lucha contra el alza de los precios, lo que nos hace recordar que hay líderes en distintas partes del planeta que se asemejan por sus formas y su modo de entender la impunidad para solventar los problemas que se les presentan. En Zimbabwe, por ejemplo, Robert Mugabe declaró la guerra a la inflación. Y ese es el modelo que ha elegido el nuevo paladín bolivariano para poner en práctica lo que no ha dudado en definir como una batalla ética contra esa lacra. Lo curioso es el supuesto barniz ético del que presume y con el que ha hecho realidad la medida. Para que los planes de Maduro pudiesen salir adelante, el Gobierno necesitaba el voto de noventa y nueve diputados. Había una díscola, Mercedes Aranguren, que limitaba los apoyos necesarios a noventa y ocho. Visto y no visto, el régimen se sacó de la manga una acusación de corrupción para inhabilitarla y sustituirla por Carlos Flores, un diputado del oficialismo cuyo voto blindado al presidente venezolano para adoptar por decreto las medidas que considere oportunas.

La cruzada de un modelo agotado

Más allá del examen de principios éticos al que pudiese someterse esta práctica, una prueba que en ningún caso superaría, lo que se ha demostrado con esa declaración de guerra a los precios y mediante el empleo de sus milicias frente a los comercios para permitir el saqueo es que el sistema de estado que se inventó Hugo Chávez ha tocado fondo. No existe ningún tipo de planificación económica y el productor petrolero del Caribe supera ya el 50% de inflación. Uno de los aspectos más sorprendentes de esta nueva cruzada emprendida por las autoridades de Caracas es que el objetivo han sido mayoritariamente comercios de electrónica e informática. Maduro hacía hincapié en proclamar que la iniciativa estaba destinada a garantizar que todos los ciudadanos del país tengan un receptor de televisión de plasma en sus casas. Y, a juzgar por la colas en la tiendas, la población ha hecho caso al mensaje. Hablamos de un país en el que en muchos supermercados carecen de productos de primera necesidad para la subsistencia familiar diaria. Así que Nicolás Maduro ha podido comprobar que con esas ansias de plasma,  gran parte de sus conciudadanos han descubierto tener las mismas inquietudes consumistas que el capitalismo al que el antiguo conductor de autobús dedica todos sus venablos. Mientras tanto, las cifras de escasez siguen incrementando sin que el Gobierno ni los guardianes de las esencias de la revolución sean capaces de dar lugar a un modelo que cambie la reciente historia de Venezuela, donde prácticamente casi todo lo que hay es importado. Y con estas nuevas medidas, lejos de establecer algún mecanismo de control eficaz, se ha dado vía libre a que sea el mercado negro el que regule los precios.

En un par de semanas los venezolanos acudirán a las urnas para elegir a sus representantes municipales. Será el momento de comprobar si, como todo indica, Nicolás Maduro no es más que una caricatura, una mala copia artífice de un sistema de ayudas y clientelismos que ha primado la devoción y los mitos ridículos como el del rostro de Chávez  estilo Caras de Bélmez al bienestar de una nación a la que el socialismo bolivariano ha acabado por robar la cartera.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.