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Otras opiniones

Telebasura en informativos

Mayo 19, 2010

Estoy harto de escuchar que los que nos dedicamos a fisgonear en las vidas ajenas hacemos una especie de periodismo nauseabundo. Nos tachan de hacer necrofilia, de sacar los trapos sucios para intentar subir audiencia y crear expectación. Advierten que los periodistas del colorín hacemos “otra actualidad”, de la que los falsos progresistas rehúyen y critican ferozmente. Sin embargo, el otro día tuve que quitar un informativo nacional porque la dureza de las imágenes que se estaban emitiendo me impidió continuar pegado a la pequeña pantalla. Incluso el pollo asado que estaba degustando broto de mis labios en un intento de evitar un atragantamiento desafortunado. En televisión se veía la brutal agresión que un salvaje hombretón realizaba contra un conejo. Lo golpeó duramente contra un bordillo, como partiéndolo por la mitad, y lo arrojaba posteriormente a una especia de cubo subterráneo. Allí, el roedor, con movimientos espasmódicos, se retorcía de dolor mientras la sangre rodeaba parte de su pequeño cuerpo.

La escena me provocó todo menos interés. Dicen que eso es información para remover las consciencias, pero sin embargo acudieron a la casquería para acaparar la atención. No doy crédito ante el cinismo, la demagogia y las malas artes de aquellos que intentan denostar a un periodismo, lícito a todas luces, con imágenes de tal calibre. Desolador. Sinceramente, como espectador prefiero ver cómo Belén Esteban arremete a cuchillo contra María José Campanario o cómo María Lapiedra enseña sus pechos para intentar despuntar. La diversión que me transmiten todos esos espectáculos distan mucho de lo tétrico y excéntrico que resultan esas imágenes que ni informan ni aportan absolutamente nada a la “actualidad seria”. Tela marinera.
 
Lo que más incómodo me resulta es que los denominados “medios serios” provocan que la gente de a pie renuncie a consumir programas del corazón. Hay quien se atreve a proclamar que siendo partícipe de los corrillos del corazón se provoca un aumento de la incultura y la distorsión informativa. Eso sí, esos que nos censuran abiertamente, son los que luego incrementan la audiencia de esos espectáculos “bizarros” que día tras día arrasan en share en las televisiones nacionales. Es verdaderamente sorprendente.  ¿Por qué los críticos de los periódicos, abiertamente contrarios a los magacines de sociedad, se empapan de todo cuanto ocurre allí? Es una perogrullada asquerosa. ¡Qué locura! 
 
Saúl Ortiz es periodista y novelista