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A renglón seguido

Tanto Nadal… para morir a la “horilla”

Agosto 9, 2016
nadal oro

Una vez que hemos sido capaces de vender la imagen de nuestra particular gastronomía, que se ha visto reforzada con la coletilla de Dieta Mediterránea, ahora nos ha entrado el estomacal gusanillo de registrarlo administrativamente ante Naciones Unidas. Concretamente ante la UNESCO, a quien hemos presentado una solicitud de admisión como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de algunos de nuestros platos más emblemáticos.

Paralelamente, gozamos de un registro audiovisual patrimonial, entre material y espiritual, para disfrutar de superhombres con categoría de estrellas que brillan con luz propia en el firmamento de los elegidos para la gloria. Algunos tan egregios como “el tiburón” (Baltimore) de aguas dulces Michael Phelps o el lightning Bolt: Usain Leo, en este caso no Messi, para los más allegados. Y nuestro arcángel del cordaje San Rafael.

Tanto Nadal… para morir a la “horilla”. Bueno no exactamente, sino a las tres “horillas” de partido frente a Del Potro que se convirtió en un caballo sobre el que cabalgó ´Rafa´ para intentar domarlo. Hasta que en un error de devolución “dio con sus deportivos huesos en el suelo”; como el tandilense, salvo que éste lo hizo triunfante para llorar de alegría sobre la superficie de la pista.

Prácticamente el mismo tiempo que empleó frente a Nishikori, quien privó al balear de colgarse del cuello la aleación de menor valor en el podium. El japonés superó, no sin dificultad –mismo caso de Juan Martín-, a nuestro representante isleño. Nunca dos derrotas nos dejaron con un regusto tan dulce. ¿O no? El mismo sabor que ha paladeado y disfrutado tantas y tantas veces el mallorquín cuando comprobaba gustativamente la calidad de anteriores trofeos.

El “casibronce”

¡Qué difícil resulta salir victorioso de una derrota! Nadie puede discutir ni regatear el esfuerzo, la entrega y generosidad del tenista español. Cuando todo parecía perdido, en ambas entregas, surgieron el pundonor, el compromiso y la profesionalidad, cualidades que no hemos descubierto en estos dos últimos enfrentamientos y que le sobran por arrobas, sino que, simplemente, ha sacado de la chistera del genio, la capacidad y la maestría que le acompañan.

La ausencia de más metales no empaña en absoluto su paso por los Juegos. Será tan recordado por el oro en dobles como por la “vicefinal” y el “casibronce”. ¿Quién dijo que nadie se acuerda de los perdedores? Si los fogones del CIS, tan atareados en sus arduos sondeos y entrevistas para vaticinar el futuro político de nuestro país, tienen algún cocinero disponible que no se encuentre de vacaciones en Agosto, que pregunte por la calle a los viandantes y contraste cuál es el sentir popular.

Así da gusto perder. Bueno, en este caso no ganar. Lástima que el derroche de intermitente calidad, ilusión y tenacidad no se vean recompensados con perseas. Lo más parecido: el diploma olímpico al que se ha hecho acreedor.

Nunca hubo romería de enfermos, pero se puede entronizar en la historia deportiva a determinados plebeyos aunque no dispongan de sangre azul.

Paco de Domingo