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Los puntos cardinales

Suspenso de fin de curso para la ONU por la crisis siria

Julio 24, 2012

Desgraciadamente llevamos demasiado tiempo hablando de Siria. Hace algunas semanas criticábamos en esta misma sección esa obsesión de algunos países por no llamar a las cosas por su nombre, es decir, por cuestionar si lo que sufren los sirios es una guerra civil. Tuvo que ser Cruz Roja Internacional quien dijese que, en efecto, se trataba de una confrontación civil en toda regla. Lo malo es que, terminología al margen, nadie ha sido capaz de hacer nada y ninguna iniciativa ha dado fruto alguno, bien fuese la vía diplomática de Kofi Annan como mediador de la ONU y la Liga Árabe o las sanciones de la Unión Europea.

La situación de las Naciones Unidas merece que nos detengamos a pensar en su eficacia. La Carta de la ONU demuestra la obsolescencia de la organización y el conflicto sirio obliga a una lectura del texto y a prestar una atención especial al Capítulo VII, en el que se analizan las acciones a adoptar en caso de amenazas y quebrantamientos de la paz o a los actos de agresión. Desde que la crisis en Siria degenerase en lo que se ha convertido, la comunidad internacional se ha ceñido a lo que establece el artículo 41, donde se tipifican las posibles acciones contra la economía y las comunicaciones del país que pueda ser objeto de sanción o de castigo. Como quiera que esos supuestos han evidenciado su inoperancia, bueno será que repasemos lo que se contempla unas líneas más abajo. Así, en el artículo 42 se deja bien claro que si las alternativas recogidas en el anterior no funcionan, el Consejo recomienda que se ejerza, -y cito textualmente-, “por medio de fuerzas áreas, navales o terrestres la acción que sea necesaria para mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales”.

El veto sistemático de China y Rusia

Les invito entonces a que piensen unos segundos en la posición de China y de Rusia y el veto que sistemáticamente han ejercido ambas potencias cada vez que alguno de los estados miembros ha sugerido acabar con la pesadilla del clan Assad aplicando ese artículo 42. Los embajadores de Pekín y de Moscú colocaban sobre la mesa del Consejo la prerrogativa de veto que les otorga la Carta de la ONU a estas dos naciones, junto a Estados Unidos, Reino Unido y Francia.

Desde el año 2000 un grupo de países planteó la conveniencia de una reforma ambiciosa de la organización que actualizase sus competencias y la pusiese al día. Habían transcurrido cincuenta y cinco años de las conferencias de Yalta y San francisco y ya no había un mundo de posguerra con vencedores o vencidos.

Imagino que se asombrarán cuando lleguemos al próximo mes de Septiembre y en la 67ª Asamblea General de la ONU alguien alce tímidamente la voz y plantee: ¿qué tal si reformamos la casa? Por si alguno de los gobernantes que se trasladen a Nueva York no ha reparado en ello, el guerra en Siria amenaza seriamente la seguridad de un conjunto de naciones vecinas en la zona más convulsa del planeta. Hay un serio riesgo de consecuencias geopolíticas y también religiosas. Si ello finalmente ocurriese, busquen a los responsables en un edificio muy alto de Manhattan.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.