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Otras opiniones

Supervivientes del verano

Septiembre 5, 2010

Cuentan que la cálida estación veraniega, tras la alteración primaveral, es el momento perfecto para disfrutar en pareja de un merecido período vacacional. Entendiendo como tal, actividades como viajar, disfrutar del pitillo frente al mar, desconectar la Blackberry, olvidar parcialmente al jefe, dedicarse tiempo el uno al otro…
Pero como no todo lo que reluce es oro, las estadísticas nos muestran que tres de cada diez parejas se rompen en verano. Y es que durante el año no tenemos tiempo algunos a darnos cuenta de que tenemos pareja, convivimos pero la mayor parte del día estamos fuera, y solemos coincidir a la hora de dormir.
Es relativamente sencillo llevarse bien con un compañero/a de cama, el problema llega cuando la convivencia pasa a mayores. Veinticuatro horas al día junto a la persona “amada”, o al menos “supuestamente amada”. Entonces se produce el cambio, pasamos del cocktail de añoranza e ilusión al chupito de amargura.
Comienzan las discusiones, las frases del tipo “no te aguanto”, los portazos, las huídas. Y lo que en un principio parecía ser la mejor semana del año, se convierte en un ferviente deseo de volver cuanto antes.
¿Qué posibles soluciones podemos tener en cuenta? 

Si se da el caso de gustos dispares, en los cuales uno es de mar y otro de montaña, siempre habrá algún lugar en el mapa que contenga las dos opciones, a no ser que alguno se conforme con hacer olas en la bañera.

En el caso de incompatibilidad de caracteres, las soluciones son complejas. O bien aceptarlo e intentar una convivencia con la máxima independencia, o acostumbrarse a la discusión diaria después de dar por descartada la ruptura. Hay quienes se dan a la bebida de los mejunjes playeros con vodka, pero puede resultar peligroso si se hace sin la supervisión de un profesional.

También existen pequeños truquillos para evitar la sensación de “tener pegado a alguien”, como bajar de vez en cuando a comprar el periódico, el agradable paseo por la orilla y el placer de las piedrecitas clavándose sutilmente en las plantas de los pies, es cuestión de echarle imaginación.

Por otro lado, las otras siete de cada diez parejas permanencen aún después de la prueba de fuego. Tenemos el caso perfecto de las vacaciones diez. Parejas que disfrutan plenamente de su compañía, que llegan a echarse de menos cuando uno de los dos está en la ducha.

En definitiva, las vacaciones pueden ser un buen instrumento para comprobar si una relación es sufucientemente sólida. No tendría por qué flaquear si realmente sabemos con quién vamos, conocemos sus virtudes, sus defectos, y hemos intentado no idealizar tanto la relación como a la otra persona.

Quizá deberíamos vivir más y pensar menos,dejar de buscar constantemente problemas donde no los hay, y si efectivamente no los hay, no los inventemos. Es por esto, y por mucho más, que aprovecho la ocasión para desear a todas las parejas supervivientes de septiembre mi más sincera enhorabuena.

Mary Lou
marylou@extraconfidencial.com