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No me moverán

Sudamérica: 3 versus 4

Julio 12, 2010

Escribo desde Quito. Aprovecho el estío para viajar, dar clases y conocer de cerca la situación del mundo. Observo que en Sudamérica se están enfrentando dos formas de ver el continente. El bloque bolivariano (Venezuela, Bolivia y, quizás, Ecuador), versus el bloque moderno (Brasil, Chile, Colombia y, a lo mejor, Perú). Queda al margen Argentina -que está buscando su identidad y preguntándose por qué Maradona no pudo llevar su equipo a la final-, y otros países menores.

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En los cuatro modernos se mantiene el neoliberalismo matizado. Hay tantos matices que no son neoliberales puros, por eso le llamo el “bloque moderno”. Sus Gobiernos, aunque sean de diferentes adscripciones ideológicas, quieren respetar el mercado, abrir la economía al exterior, alejar de los inversores la inseguridad jurídica y mantener las normas de la alternancia democrática.

Brasil ha encontrado un líder obrerista capaz de entender como manejar un gran país en un mundo globalizado y conjugar el desarrollo económico con la disminución paulatina de las desigualdades sociales. Aún queda mucho camino por recorrer en ambos sentidos, pero la inercia ya está en marcha. Los otros tres del bloque (Chile, Colombia y Perú), con sus dificultades particulares, también están demostrando una vitalidad económica y social que las hace apetecibles para la inversión internacional. De hecho, hoy en día no estar en Brasil y, además, en alguna de las otras tres naciones de este bloque, es no estar en Sudamérica.

 

Inquietud entre los inversores

 

Venezuela y Bolivia, y algo menos en Ecuador, aparecen frecuentemente en los medios de comunicación con noticias inquietantes para la seguridad jurídica del tráfico económico. Aún más, son frecuentes la posibilidad de que los políticos de la oposición vean mermadas sus libertades. La libertad de información sufre intentos de manipulación que a veces tienen éxito. Todo ello inquieta a los inversores que ven inestabilidad política que pudiera transformarse en dificultades económicas, aunque siguen vigentes las normas formales de la democracia occidental.

No obstante, los dos bloques están sorteando la crisis económica mucho mejor que los países desarrollados de Europa y Norteamérica. Bien es cierto que parten de niveles más bajos de renta por cápita, pero su PIB está creciendo. A veces de manera espectacular. Sobre todo en los cuatro países del bloque “moderno”.

Toda Sudamérica tiene a su favor algo que Europa perdió hace tiempo. Su capacidad demográfica. Sus poblaciones son jóvenes, con algunas excepciones como Uruguay. Las teorías neo-maltusianas acusan al crecimiento de la población de freno al desarrollo. Sin embargo, está cada vez más claro que sin aumento demográfico no hay desarrollo. Estados Unidos lo resuelve mediante la inmigración. Europa empieza a no ser apetecible al inmigrante.

Por el contrario, Sudamérica sí pudiera serlo en breve, especialmente para personas ambiciosas y preparadas, uno de los factores más importantes del desarrollo. Además el continente cuenta con enormes riquezas naturales y tiene geográficamente enfrente a los potenciales mayores consumidores del siglo XXI: los países asiáticos.

Con todo ello el siglo XXI, puede ser el siglo de Sudamérica. Para un europeo, como dijo Huntington, la civilización sudamericana es la más cercana a la occidental; su aliado natural. Querido lector, si es usted joven, audaz, está preparado y cree que su futuro está fuera, téngalo en cuenta. 

En todo caso, la pregunta es: ¿cuál de los dos modelos acabará imponiéndose o quizás convivirán en un equilibrio inestable? Es la única incógnita que queda por despejar para que Sudamérica sea nuevamente “el dorado” o se mantenga como la tierra del futuro que nunca llega.     

 

J. R. Pin Arboledas esProfesor del IESE. Director del Executive MBA, Madrid.