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¡Qué fuerte!

Stop escraches

Abril 12, 2013

La vida política mezclada con la social puede convertirse en un cóctel explosivo cuando las cosas se calientan y los ánimos provocados arden. El espíritu revolucionario de algunos ciudadanos sorprende desconcertantemente frente al pacífico que tenemos la mayoría. Basta que surja un cabecilla, alguien que provoque más de la cuenta y aliente la rabia contenida, para que se produzca un pequeño levantamiento. Esto es lo que está pasando con los famosos escraches. Lleva produciéndose ya varias semana esta moda que consiste en que un grupo de ciudadanos vaya a protestar por algo frente a las casas de los políticos. Más que una protesta se convierte en un acoso porque una protesta debería hacerse en la sede dónde esos políticos trabajan pero cuando una manada de gente se planta frente a las puertas de tu casa de manera incendiaria, efectivamente, eso pasa a ser una amenaza y un acoso. Ahora se han puesto de moda estos escraches para protestar contra los desahucios. Tengo entendido que los políticos, ante esta situación tan dramática, están poniendo de su parte y haciendo lo que pueden para evitar que se produzcan estas injusticias. Pero los “escrachistas” no entienden que, a lo mejor, dónde hay que ir a protestar es a la puerta de un banco o incluso a la puerta de aquel que, en su día, pidió un préstamo y decidió vivir por encima de sus posibilidades. No malinterpreten mis palabras pero, de verdad, no creo que, conforme están las cosas, provocar escraches sea lo más adecuado en este momento.

Ni los que calientan los ánimos, ni políticos enervados

Es una manera de calentar más los ánimos y las conciencias y no es lo que este país necesita. Ni por un lado ni por otro. No necesitamos ciudadanos exaltados pero tampoco políticos enervados. Como el exdiputado del PP en el Parlamento de Canarias, Sigfrid Soria, que ha incendiado Twitter declarando algo así como que si algún perroflauta va a manifestarse a su casa o les hace algo a sus hijas, le arranca la cabeza. Lo ha intentado arreglar alegando legítima defensa en un hipotético caso de que así sucediera y, al final, el PP le ha apartado de sus responsabilidades orgánicas. El señor Soria no ha hecho otra cosa que defenderse antes de que le pase nada. Es más, cualquiera de nosotros piensa lo mismo e incluso lo haría si se diera el caso. ¿Quién no defendería a sus hijos ante el ataque de cualquiera? Lo que pasa es que la cosa está caliente y todas las partes son susceptibles de culpa ya que las respuestas que ha tenido este hombre en Twitter son también dignas de los más macarras y agresivos de todos los tiempos. Aquí en España somos muy de decir las cosas entre amigos, auténticas barbaridades y brutalidades, pero luego nos la cogemos con papel de fumar cuando se hace público y nos escandalizamos por nada. Me gustaría oír las barbaridades que se le dijeron al árbitro que pitó el partido en el que el Málaga quedó fuera de la Champions. Pero por esa actitud agresiva no nos escandalizamos. Pues tan agresiva es una cosa como la otra; igual de agresivo es decir cosas violentas que hacerlas yendo a casa de nadie a vomitar improperios y amenazas. Pues bien, ahora tendrán que pensárselo más a la hora de organizar un escrache porque a partir de ya se podrá sancionar este comportamiento. De hecho, ese personajillo político que no sabe dónde ubicarse, ya que militó en las filas de la derecha unos años, después quiso ser socialista pero ni los del PSOE lo quisieron y ahora es un don nadie que provoca y encabeza escraches, Jorge Vestrynge, tendrá que pagar una multa por organizar el motín en la casa de la Vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. Así que, lo mejor, será parar esta tontería de los escraches que no nos llevan a ningún sitio más que a incendiar ánimos y conciencias, a alentar la rabia y a provocar situaciones violentas que no solucionan nada ni nos llevan a ningún sitio. Si, stop desahucios, pero también stop escraches.  

Rosana Güiza Alcaide