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¡Qué fuerte!

Solidaridad sin condiciones

Octubre 26, 2012

España es un país solidario, no sólo lo demuestran las encuestas, sino las propias acciones. Ayudar a los más necesitados por problemas de pobreza o ante catástrofes y desgracias siempre nos ha caracterizado. Pero ahora que las cosas no andan bien, hay quién no está por la labor de colaborar ya que estiman que no es el mejor momento para que el país siga ciertas políticas para con otros países más necesitados que el nuestro. Y no sin motivo ya que, desde que comenzó la crisis, un millón de personas se han empobrecido anualmente, llegando así a casi trece millones de ciudadanos que no cuentan con ingresos suficientes para tener una vida digna. 

Es normal que, teniendo los números que tenemos en España, haya cierta reticencia por parte de algunos a que se contribuya a erradicar la pobreza de otros lugares alejados de nuestras fronteras. Es entendible, pero hasta cierto punto. Excluyendo a aquellas personas que jamás han tenido la necesidad de ayudar al prójimo, que las hay, y que por ello no deberían opinar, el que es solidario y ayuda a los demás no tiene límites ni fronteras. Da igual el país, sea niño o adulto, da igual que no tenga nada por culpa de una desgracia o por pobreza intrínseca e innata. Se ayude a quién se ayude y cómo se ayude es suficiente para callar una boca al mismo tiempo que para alimentarla.

 
Siéntete orgulloso de ayudar
 
Sí, es cierto que aquí hay gente necesitada, personas que buscan en la basura para poder comer un día, pero también hay quién no tiene siquiera basura dónde buscar. He visto las dos pobrezas y ninguna es mejor ni peor que la otra y ningunos son más ni menos necesitados que otros por ser de aquí o de allí, blancos o negros. Por eso no se puede juzgar a quién ayuda aquí o allá, o quizás en los dos sitios, no se puede juzgar sin saber. Cada uno ayuda dónde puede y cómo puede, independientemente de lo que piensen los demás, dónde el corazón te lleva, donde sientes el latido más fuerte y notas que la necesidad, sea por lo que sea, es mayor. Algo te pellizca y te hace ir aquí o allí, dar en cualquier caso y sin condición, independientemente de la raza y de las fronteras. 

Tampoco se puede juzgar a aquellos que hacen pública su labor humanitaria o social porque gracias a que muchos lo dicen, otros se animan también a hacerlo, a seguir el ejemplo, consiguiendo así que se unan esfuerzos y que se llegue a más gente. En definitiva, se consigue más. Por eso, si alguna vez has colaborado, dilo, no te ocultes y siéntete orgulloso, porque puede que tu ejemplo sea motivo de ánimo para que otro lo haga. Y hazlo dónde el corazón te lleve, dónde te pellizque el alma, independientemente de la religión, la raza y, por supuesto, independientemente de lo que piensen los demás. Y, por supuesto, sin olvidar que, a veces, la ayuda no tiene por qué ser material, sino que, el simple hecho de dar cariño, apoyo y comprensión, es suficiente, a veces, sólo “estar” es suficiente y merece la pena.

Rosana Güiza Alcaide