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¡Qué fuerte!

Sobre tanatorios y huelgas

Septiembre 9, 2010

Por desgracia, los tanatorios dan mucho de sí. De momentos de tristeza, pena, angustia y desolación a risas incontrolables por recuerdos absurdos o tonterías injustificadas. También es motivo para que, una familia que se ve sólo en contadas ocasiones, se reúna inevitablemente y se salude efusivamente por el tiempo pasado sin verse. Es un acto social en un tétrico lugar en el que se intercambian todo tipo de opiniones, sentimientos, críticas, incluso secretos y confidencias.
Precisamente, fue en el tanatorio de un pueblo de Madrid dónde, esta semana, surgió, como no, la manida conversación sobre como va y está España. Había autónomos, empleados, algún empresario y funcionarios. Todos los sectores representados. Y, casualmente, ninguno contento. También es verdad que, de todos, el que mejor vive es el que más tiene y es el que menos problemas tiene.

Cada uno expuso las dificultades que les causa esta dichosa crisis que llegó negada e ignorada en sus inicios y que se hizo tan nuestra y se apegó a nosotros como una desagradable garrapata. Los que tienen un negocio han visto bajar sus ventas. El funcionario ha visto su sueldo recortado. Un Guardia Civil no podrá manifestarse siquiera para pedir las mismas condiciones que un Policía Nacional. El empresario ha tenido que echar a la calle a alguno de sus empleados para poder sobrevivir. Y así, todos con la misma historia.


De la crisis no se salva casi nadie

Triste conversación en un triste lugar que pasa a ser increíble cuando descubres lo que cuesta un nicho. Unos 2.500 euros. Sin contar, claro está, con todos los gastos que conlleva, además, el papeleo, la caja, la estancia en el tanatorio y otros datos que se me escapan por la nula experiencia en estos sepelios, gracias a Dios.
Pensará usted que se ha equivocado de negocio y tendría que haber montado una funeraria ya que los clientes nunca fallan. Porque, conforme está la vida, resulta carísimo morirse así que, mejor siga enfermo y deje lo de morirse para otro momento. Mientras tanto, atibórrese a medicamentos para aguantar un poco a ver si se recupera de esta crisis y puede pagarse su propio entierro, sobre todo para no dejarle el marrón a los demás. Así se beneficiarán las farmacias.
Aunque tampoco ellas se escapan de la crisis. Resulta que también tienen problemas económicos ya que la Seguridad Social, que más bien deberíamos llamar a partir de ahora Inseguridad Insocial, tiene problemas para pagar el porcentaje correspondiente de cada receta o el medicamento completo si se trata de un jubilado. El caso es que no se libra nadie.
Con este panorama, quedan menos de veinte días para una huelga general, fuera de tiempo y de juego, a la que los propios convocantes denominan “gran putada”. Más bien una “gran fracasada” diría yo. Sobre todo porque las huelgas generales se convocan contra los Gobiernos que están realizando una pésima actuación y ejecución de su poder y no contra los empresarios o contra la oposición, que es lo que pretenden los sindicatos.
Lógico por otra parte, ya que es muy difícil para ellos morder la mano que les da de comer. Además, secundar la huelga supone la pérdida de un tanto por ciento del sueldo y no creo que haya mucha gente dispuesta a esto conforme está el panorama. Los propios sindicatos reconocen que “lo raro sería que la gente nos aplaudiera por convocar una huelga que es la constatación del fracaso del diálogo social”. Es indignante, además, que el propio Ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, se rinda, de la espalda y se marche del Gobierno. Es indignante que se siga negando la evidencia y que siempre paguen los mismos, los pobres, la clase media de este país que es la que tira de él y lo levanta cada día.
Es indignante la insostenible situación de España. Es triste que el poder ciegue tanto, hasta el punto de arruinar un país y no querer verlo ni reconocerlo.

Rosana Güiza