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Los puntos cardinales

Snowden y las ficciones premonitorias

Junio 26, 2013

En multitud de ocasiones, el cine parece haber seguido los pasos de la literatura de Julio Verne, de tal modo que hay obras que se anticipan como ficción a lo que el transcurso del tiempo demostrará más tarde que no hacían más que adelantarse a la cruda realidad. Me acuerdo de la cinta que en 1998 estrenó el desaparecido Tony Scott y que en España, con muy poca fortuna como en tantas otras, fue traducida como “Enemigo Público”, despojándola del verdadero sentido de la trama que aportaba el original “Enemy of the State” (Enemigo del Estado). En ella, un joven abogado, Will Smith, es víctima de todas las artimañas al margen de la ley que pone en marcha Gene Hackman, genial en el papel de político muy corrupto y sin escrúpulos ayudado por sus amiguetes de la Agencia de Seguridad Nacional. Ahora, como en la película, se ha demostrado que vale absolutamente todo por una causa que desde el sistema se considere buena, en sintonía con esa máxima en la que el pensador alemán Hermann Busenbaun sostenía que cuando el fin es lícito, los medios también lo son. El conocido ya como “escándalo Snowden” ha encendido las alarmas de un poder en las sombras que no parece tener ningún tipo de límite ni de control.

¿Dónde está la novedad?

Los “primos” de este lado del Atlántico, los súbditos de Su Graciosa Majestad, también gustan de escuchar sin freno, sin reparos en que los espiados sean países amigos o incluso integrantes de la propia Commonwealth. Pero, después de varias semanas escuchando lamentos de gente tan pura de intenciones como supuestamente intachable en sus comportamientos, el cuerpo me pide hacer una pregunta: ¿y cuál es la noticia? Noticia es, como saben, algo nuevo, novedoso. Así que no parece que esto que conocemos ahora sea una práctica inédita entre países. ¿O es que la CIA americana, el MI-6 británico, el KGB ruso, el MSS chino, el BND alemán, la DGSE francesa, el Mossad israelí o incluso nuestro CNI patrio han sido campeones de la candidez a lo largo de estos años? Por sus dimensiones y capacidad operativa, no exenta de sonoros fracasos a lo largo de la historia, por cierto, las hazañas de gabardina y gafas de sol de los estadounidenses siempre son objeto de una mayor multiplicación mediática. Aquí en Europa, por ejemplo, los americanos eligieron el nombre “Gladio”, la espada de los gladiadores, como símbolo bajo el que se escondían actividades anticomunistas diseñadas por Washington y Londres. El sinfín de tropelías acabó con una firme condena de los diputados de la Eurocámara en 1990. Y fue también a comienzos del presente siglo cuando este mismo parlamento confirmó que otra red, la Échelon, hurgaba en todos los rincones de las instituciones comunitarias.

Europa, pues, parece haber sido el campo de pruebas de estas actividades, que alcanzaron el límite de lo admisible cuando se descubrió que espías judíos habían invadido el despacho del vicepresidente de la Comisión Europea, Manuel Marín. De modo que la historia de los “fisgones” es tan antigua como la propia historia del hombre, siempre a merced de la traición. En el caso que nos ocupa, el principal protagonista ha salido de Hong Kong como si tal cosa. Desde allí a Moscú, y Ecuador, destino final. Recuerden los tiempos es los que estudiaban latín con esta frase: “cui prodest scelus is fecit”, o lo que es lo mismo, a quien beneficie es quien lo hizo. Y piensen en las ingentes inversiones de China en Iberoamérica y en los datos que la protección de Edward Snowden puede proporcionales en su ciberguerra con Estados Unidos. Eso sí; que conste que esta descabellada hipótesis es una ficción de mi propia cosecha, porque me encanta Julio Verne.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.