Menú Portada
Otras opiniones

Sintió la sangre hervir en su interior

Octubre 9, 2014

SUSURROS

El entorno arenoso deprimía su ánimo. Grandes extensiones de desierto que sucumbían en la playa. ¿¡Y aquí se vienen a refugiar en sus vacaciones las familias adineradas de la ciudad!? Pero cuando llegó a la playa, el viento del océano azotó su cara y la brisa húmeda tomó el control. Las casas en primera línea contemplaban a los viandantes. El horizonte se perdía entre la bruma, donde se mezclaban agua y arena. Algo cambió en su interior. El duende del Pacífico se adueñó de él, y en el camino de retorno, anotó los teléfonos de algunos carteles de ´Se vende´.


EL CLIENTE

       Me llamo Ángel López – dijo el hombre, girando su cabeza sin soltar el volante.

Quién así hablaba me llevó a una lonja de pescado donde pude saborear género recién sacado del mar a precios de ave. También me mostró algunos parajes del sur de la ciudad y me transmitió valiosa información de sus costumbres. Cuando le pregunté si estaba cansado, me miro finamente por el espejo retrovisor y dijo: – ¿Por qué? Me encanta conducir y hacer que se sienta usted confortable -.  

Me asombró la lección de trato al cliente. Sin necesidad de libros de autoayuda.


ESTRATOS SOCIALES

       Las casas de ladrillo visto son las buenas. Los pobres viven en chabolas -.  

Se lo dijo con tanta naturalidad que el choque de culturas se hizo patente. Edificios desiguales con el material de construcción al desnudo, fachadas dispares y en diferentes alturas, creaban un entramado de caos y suciedad que resultaba costoso ver clase acomodada. 

Luego descubrió que no había clase acomodada. Estaban unos pocos ricos y el resto, distintos matices de pobres.

 
MIEDO
-Son 360. 

Sintió la sangre hervir en su interior. Era el doble de lo acordado. De repente comprendió que había sido fruto de un engaño. Subió el tono de voz y defendió su postura. La persona del otro lado del teléfono, rebajó en precio a 250. Ahora ya no tuvo dudas de estar sufriendo una estafa. Su tono se hizo un poco más audible. Rozaba el grito. Amenazó con poner una denuncia, a lo que le respondieron que pagara lo que quisiera. 

Entonces es cuando se decidió llamar a la Policía.

 
PARQUE DE LA RESERVA

Las fuentes hablaban. El agua manaba con elegancia, en chorro, difuminada, inesperada, agresiva. A veces se escondía para luego salir por sorpresa. En cambio, otras veces ascendía hasta casi tocar el cielo, mientras un haz de luz iluminaba dignamente su largo cuello. Formas que se seguían y culminaban en experiencias tridimensionales. Sueños de bailarines hechos realidad en la cortina de agua. Algunos observaban la luna, que parecía seca ante tanta abundancia, luminosa como la más vibrante de las fuentes. Y los niños corrían ante los imprevistos  del agua caprichosa.

       Casi diría que ha sido romántico – concluyó.

© Javier González Cantarell