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Atando cabos

Síndrome de Estocolmo hacia los terroristas

Octubre 26, 2011

Tras la efervescencia del comunicado del final de ETA quizá convenga tener cuidado con muchas cosas, pero especialmente con la tentación de convertir en víctimas aquellos que han sembrado de terror durante muchos años en nuestro país. Ser tan comprensivo que se roce el elogio. Convertir en “hombres de paz” aquellos que, de momento, han dicho que van a dejar de matar. Caer en cierto “síndrome de Estocolmo” con los terroristas de ETA. El Estado de Derecho y el Imperio de la Ley continúan y continuaran. No hay que agradecer nada. Hay que estar satisfechos, muy satisfechos por la buena noticia, pero ni exagerar, ni mucho menos precipitar acontecimientos que, en todo caso, corresponderán al gobierno que salga de las urnas el próximo 20 de noviembre, tal y como afirmó el propio Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

Prudencia e incluso preocupación. El diagnóstico y la reacción del ex-presidente, Felipe González hablaba precisamente de “preocupación”. Por los pasos y movimientos que se puedan dar a partir de ahora. Por transmitir el mensaje de que la banda terrorista ha sido derrotada. Que el comunicado fue lo más parecido a una rendición. Y que ahora falta la entrega de las armas y la disolución. Este diagnóstico de Felipe González con el que coincide también el juez Baltasar Garzón, quien de forma parecida pedía la entrega de armas y la disolución.

Satisfacción y preocupación al mismo tiempo

Mezcla de satisfacción y preocupación quizá por las mismas razones que apuntábamos en nuestro anterior artículo´ “El verdadero sentimiento de derrota de ETA”. Un sentimiento que llegará cuando el próximo Gobierno presidido, según todos los sondeos por Mariano Rajoy, ofrezca simplemente un portazo democrático detrás de otro a todas las reivindicaciones de Eta, ahora reconvertida en su brazo político de Bildu o de Amaiur. Pedirán y pedirán. Pero ya no matarán. Le pedirán que la Guardia Civil y la Policía abandonen el País Vasco, lo que ellos llaman “desmilitarización”, y democráticamente se les dirá que NO. Pedirán una “mesa política de negociación”, y simple y democráticamente se les dirá que NO. Pedirán la amnistía y libertad para todos sus presos, pedirán la autodeterminación, pedirán “la luna”, y se les dirá simple y democráticamente que NO. Ya no tienen la coacción, el chantaje, las armas. Ya sólo tienen la representación que tengan en los Parlamentos. Jugarán con las mismas reglas que el resto, y se tragarán el NO de la mayoría.

El lendakari necesitaba salir en la foto del final de Eta

Por eso no son aconsejables las prisas, y menos en un asunto como este. No se entienden las prisas del lendakari, Patxi López, en hacer rápidamente una ronda de consultas con las formaciones políticas vascas. La única explicación es estar presente en una fase “histórica”. El poder salir en la foto del final de ETA. El lendakari y el resto de partidos saben que nada pueden hacer ahora que no esté distorsionado por la precampaña electoral. A eso también juega el líder del PNV, Iñigo Urkullu. En ser ahora, en este momento, más de la izquierda abertzale que los propios abertzales. Se erige en portavoz de Bildu pidiendo la derogación de la Ley de Partidos, el acercamiento y excarcelación de presos, y la eliminación de la doctrina Parot. Exigencias históricas de Batasuna que ahora reivindica el PNV. Si la intención de los nacionalistas vascos es buscar el voto de la izquierda abertzale, quizá olvide que generalmente los votantes prefieren el original a la copia. Y el PNV, en este caso, es la copia.


Juan de Dios Colmenero es Redactor Jefe de Nacional de Onda Cero Radio