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bandera crespón

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A renglón seguido

Sin hojuelas y con hiel

Julio 17, 2012

Nadie podrá discutir, que el egregio comediógrafo francés Molière fue un visionario para su época gracias a su obra “El Avaro”, profetizando el pasado -hasta la fecha era  patrimonio exclusivo de los expertos en economía-, y augurando el comportamiento del ser humano ante la posibilidad de aumentar el caudal del rio de la riqueza, siempre que se encuentre cerca de la ribera de su ambición.

Así mismo lo  describía en sus escritos nuestro más superlativo narigudo, Paco –para los amigos- de Quevedo –“estrofalario” literato del Siglo de Oro-, hablando de plata, al esbozar con alegorías y satíricamente en su letrilla Poderoso caballero es Don Dinero las particularidades de éste último y la actitud de sus semejantes –homo ambiciosus– cuando se ven próximos a la prójima riqueza.

Tres casos tres, avalan lo expuesto; y son, a saber: Afinsa & Fórum Filatélico, Nueva Rumasa y Participaciones Preferentes.

Nadie da duros a cuatro pesetas

Todo el mundo sabe –o al menos parte de él- , que nadie da duros a cuatro pesetas; “pero por si acaso“, “a ver si voy a ser el más tonto de la escalera”, “no vaya a ser que sea”… y así una lamentable retahíla de frases hechas acompaña la codicia del ser humano de forma poco reflexiva e irrefrenable.

En el primero de los casos, se concitaba la atención sobre inversiones en papel timbrado con alta rentabilidad para sus titulares, a quienes les procuraría  llevar una vida un tanto ahobachonada, intentando, dentro de lo posible, no volver a “pegar ni sello”, pues les pagaban por ello.

En el segundo –lloviendo ya sobre mojado- se dispuso una gran campaña mediática de captación de futuras víctimas aplicando la fórmula del panal de rica miel –recordemos el símbolo de Rumasa– al que más de dos mil inversores acudieron, y que por ambiciosos murieron, presos de engaños en él, quedándose con ella en los labios; sin hojuelas y con hiel.

En el tercero –y con la inestimable connivencia de los desalmados comerciales de algunas  oficinas de entidades bancarias- se suscribieron compromisos ineludibles no suficientemente bien explicados por los filateros responsables de aquéllas o mal interpretados por los adquirentes –la avaricia rompe el saco de la mesura y de la sensatez-, con el actual resultado de congelación e inmovilización de los activos, que tiene visos de sufrir una quita, pero no de la de “quítame allí esas pajas”, sino al modo de las que tienen lugar en las declaraciones concursales de acreedores cada día más frecuentes en el mundo empresarial.

Elemento común

Todos los anteriores ejemplos tienen un elemento homogeneizador cual es el de la recolección de resultados económicos, sin reparar en la siembra del más que posible riesgo que entraña apostar por un rendimiento muy superior al ofrecido por la competencia (pública o privada). En cada uno de ellos se prometía “el oro y el  moro” con el que ponerse más que morados, situando en jaque al ahorrador que subestimaba el tablero de una azarosa garantía.

No obstante, comprobaremos cómo en adelante la historia se repetirá, apareciendo nuevas víctimas propiciatorias deseosas de estar en aprietos, al abarcar lo que no podrán apretar; porque ya se sabe que a pesar de que ¿el dinero no da la felicidad?, el morbo de su multiplicación, a lo que parece, sí.

Paco de Domingo