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Otras opiniones

Si su hijo estuviera acusado de matar a su madre, ¿qué haría usted?

Diciembre 25, 2012

En los últimos meses le he escrito sobre el caso de la desaparición de Ruth y José, de la triste tragedia del Madrid Arena, de desahucios, de violadores… Desgraciadamente, el crimen, como ya le he reiterado alguna vez, forma parte de nuestra sociedad. Hoy, en la que es mi última misiva del 2012, quería plantearle varias cuestiones. Si su hijo estuviera acusado de matar a su madre, ¿qué haría usted como padre? ¿Creería en su inocencia? ¿Dudaría de él? ¿Le repudiaría? ¿Querría que pagara su crimen en la cárcel? ¿Le pagaría usted al abogado defensor? ¿Le seguiría amando? ¿Le despreciaría de por vida? ¿Aceptaría que es culpable y aún sabiendo que la oscuridad habita en su corazón se engañaría y pensaría que lo ocurrido es el pasado y que como es sangre de su sangre hay que defenderlo desde el perdón y el amor paterno?

En julio de este año, María Ángeles Lousa fue asesinada en su casa. Vivía junto a su marido y a su hijo en un chalé de esos en los que cualquiera de nosotros desearía habitar. Pero como verá, a veces, es mejor un pisito más modesto, y un núcleo familiar más armónico. Según me cuentan, la madre era la que ponía límites al hijo, de 31 años, y el padre era mucho más laxo en las normas. Esa noche, padre, madre, hijo y novia del hijo veían la final de la Eurocopa en el jardín. Italia contra España.

La secuencia de los hechos

Ángeles se sintió indispuesta y se refugió en la cama antes de que la selección española derrotara por cuatro goles a cero a la Italiana en la final.  Ramón, su esposo, la fue a ver en un par de ocasiones, la última a las 23:00 horas. Mientras se estaba celebrando la entrega de trofeos e Íker Casillas levantaba feliz la copa de campeones, el hijo de ambos abandonó el jardín con la excusa de que necesitaba ir al baño. Los investigadores creen que ya a esa hora en su cabeza había tomado forma la idea de matar a su madre. La hipótesis policial explica que subió a la habitación de María Ángeles y la intentó asfixiar con un almohadón. Ella despertó y fue terriblemente consciente de que la persona a quien ella había dado la vida trataba de arrebatársela a ella. Se revolvió y arañó a su agresor en el cuello. Ambos cayeron al suelo. Allí su hijo la golpeó en la cabeza con un jarrón que quedó hecho mil pedazos.

Los investigadores llegaron a esta conclusión después de descartar la hipótesis del robo, que es la que apunto el presunto asesino en su primera declaración. Narró que había entrado en casa para ir al baño, que entonces sorprendió a dos asaltantes embozados con una braga negra y que alguien le golpeó por la espalda en la cabeza. Se revisaron las rutas de acceso a la casa y se comprobó que aquello era imposible. Los muros de la casa, de granito, miden más de tres metros de altura. Además contaba con sistemas de seguridad. Una de las ventanas por las que podían haber accedido estaba rota y no se podía abrir ni desde dentro ni desde fuera.

Sólo 120 euros de botín

Los supuestos ladrones sólo robaron 120 euros de la cartera del hijo de la víctima. ¿Por qué no llevaron joyas y otros objetos de valor? A los investigadores les sorprendió el hecho de que no dejaron ni huellas ni restos de ADN en la escena del crimen. Muy extraño, máxime si tenemos en cuenta que Ángeles antes de morir se defendió. Además, tuvieron que dejar K.O. a su hijo de un golpe en la cabeza.

Las pruebas en contra del hijo, Ramón, sin embargo, se fueron apelmazando en las diligencias policiales. Debajo de las uñas de la madre apareció ADN de su hijo y él tenía en su cuello la marca coincidente. Es decir, fue a él a quien arañó. Además, el presunto asesino presentaba cortes en las manos que pudieron producirse con las partes del jarrón roto.  Una sangraba más. La que tenía en el pulpejo del dedo índice de la mano izquierda. En un fragmento de la porcelana hallaron sangre y el perfil genético de Ramón. En la escena del crimen hay presencia de más restos biológicos del hijo de la víctima. Gotas aquí y allá que convierten en lógica la convicción policial. Pero es que además, en un determinado momento, Ramón se pone unos guantes de látex. Hasta lo confiesa su propia novia en la segunda declaración. Según el sospechoso, logró arrancarle el guante a uno de los asaltantes antes de que todos huyeran, ¿pero adivina usted que encontró la científica? Dentro y fuera sólo había ADN del hijo mezclado con el de su madre.

Ramón está en libertad

Según Ramón, al bajar a pedir auxilio a su padre y a su novia, se encontró la puerta de la calle abierta. ¿Sabe usted de quién había ADN en el pomo? Una mezcla de perfil genético de madre e hijo. Le puedo contar también que ninguna de las cámaras de seguridad de la casa ni las de la urbanización registran ningún movimiento sospechoso, ningún coche huyendo, ni se ve a una banda de asaltantes con las caras embozadas.

A pesar de las abrumadoras evidencias, Ramón pasará las Navidades libre. Un juez lo decidió así después de que el marido de la víctima y padre del presunto consignara en el juzgado tan solo 25.000 euros de fianza. No fue lo único que hizo. También le contrató un abogado defensor. No sé si es que quiere creer en la inocencia de su hijo, prefiere cerrar los ojos o es que ya lo ha perdonado. Desconozco cómo funciona su mente en una situación tan extrema. Pero si yo fuese él, dormiría con la puerta atrancada todas las noches y nunca le daría la espalda. ¿Y usted? Sólo le dejo una última reflexión. Si se demuestra la hipótesis policial, ¿era la primera vez que el hijo tenía un comportamiento violento? ¿No dejó pistas a lo largo de su adolescencia y de su juventud? ¿O es que hay padres que prefieren cerrar los ojos? Desgraciadamente a la madre del autor de la matanza de Newtown ya nadie le puede preguntar.

Nacho Abad