Menú Portada
¡Qué fuerte!

Si pudiera entrar en la mente…

Junio 17, 2016
orlando

Si hay algo que me gustaría tener es, sin lugar a dudas, el poder de entrar en la mente de algunas personas. No quiero otro tipo de poder que no sea ese en concreto, solamente para hacerles ver a algunos lo que está bien y lo que está mal, para cambiar aquello que les nubla el conocimiento verdadero, el sentido exacto de la vida y la realidad objetiva de las cosas. Es tan sencillo como entender que todo consiste en darse cuenta de que estamos en un pasar, en un viaje sin billete de vuelta a ninguna parte, en un abrir y cerrar de ojos y descubrir que de lo que se trata es de vivir hoy, porque lo que pasó ayer ya no se puede cambiar ni volverá a repetirse y no sabemos lo que vendrá mañana, ni si quiera sabemos si tendremos un mañana. Una vez alcanzado este estado de entendimiento, tengo el convencimiento absoluto y claro de que es más importante otorgar la valía necesaria y total a los valores que nos aportan lo positivo y lo bueno y dejar a un lado todo aquello que es nocivo para el alma y el corazón. Esto es lo que me nace después de intentar comprender al asesino de la discoteca de Orlando. Pero es imposible entender algo así.

Si pudiera entrar en la mente…

Si pudiera entrar en la mente del xenofobo le haría ver que el mundo nació sin fronteras naturales y que ha sido el hombre ansioso quien las ha marcado para dejar constancia de que posee algo a lo que hay que arraigarse, un pedazo de tierra con el que identificarse. El xenófobo no se da cuenta de que él mismo es extranjero en otra tierra y también puede ser odiado por el resto del mundo al que no pertenece.

Si pudiera entrar en la mente del racista ajustaría ese cable que hace que odie a otro ser humano cuya única diferencia es el color de la piel pero que, en el fondo, están hechos de la misma materia, independientemente de sus creencias o su color.

Si pudiera entrar en la mente del maquiavélico le susurraría que instigando, calculando y maquinando sobre los demás, lo único que consigue es dejar a un lado su propia vida para intentar fastidiársela a los demás. Modificaría su cerebro para que sólo pudiera hacer cosas buenas por la humanidad.

Si pudiera entrar en la mente del dictador le haría preso por un día de su dictadura para que sufriera en sus carnes el dolor de la opresión que él mismo ejerce.

Si pudiera entrar en la mente del codicioso llenaría su corazón de amor para que así se ocupara más de los suyos y dejara a un lado todo lo inmaterial que desea y ansía.

Si pudiera entrar en la mente del homófono le cambiaría esa condición que le hace amar a un hombre o a una mujer para que amara a alguien de su mismo sexo y así entendiese que su odio y rechazo no tiene justificación alguna cuando dos personas se aman, sean del sexo que sean.

Y si pudiera entrar en la mente del asesino le llenaría el corazón de compasión para que viviera en paz consigo mismo y después y como consecuencia, con los demás.

No consigo entender por qué, siendo la vida tan fácil y sencilla, más de lo que parece, el ser humano se empeña en complicarla y amargársela a los demás. Si pudiera entrar en la mente…

Rosana Güiza

rosana@rosanaguiza.com