Menú Portada
A renglón seguido

Si Pericles asomara la cabeza

Noviembre 3, 2011

Si Pericles se asomara a la ventana de la actualidad helena –no confundir con el detergente que blanquea la tela, no los capitales-, se conmovería al ver a través del cristal del presente, la tragedia dineraria imposible de imaginar ni en sus mejores sueños, velados por Las Ninfas, por los insuperables Esquilo, Sófocles y Eurípides. Un auténtico drama que comenzó con el extinto dracma y continuó por los albores del epsiloniano euro hasta nuestros días.

El egregio político ateniense, jefe del partido democrático, presidió el gobernó durante cuarenta fructíferos años, consiguiendo para sus conciudadanos un gran esplendor en la hierba cultural y económica.

Por otra parte dio por liquidado –sin derecho a indemnización- el Areópago, tribunal al que deberían ser sometidos sus homólogos KaramanlisPapandreu, por más que sirviera sólo para delitos de sangre; no vaya a ser que en algún momento les hubiera hervido ésta en plena ebullición de su exangüe economía.

En tiempos del tirano Dionisio el Joven, para probar que la felicidad de los poderosos es precaria, hizo suspender sobre la cabeza de un cortesano llamado Damocles una espada que se sostenía por una crin de equino. De caballo va a ser la medicina a emplear para la recuperación del debilitado paciente griego. Quizás habría que repetir este pasaje histórico y que el arma blanca pendiera, por las deudas pendientes, sobre los “cabezas de chorlito” de los dirigentes jónicos responsables de esta situación que nos puede salpicar a todos.

Del llamado Siglo de Pericles (V antes de J.C.), hemos pasado a ver periclitar el status adquirido en los siglos XX y XXI -de nuestro Señor- por los ciudadanos del Egeo, capitaneados durante los últimos años por los que presentaron ante la U.E. las esotéricas cuentas del Gran Capitán retocadas.

La responsabilidad inicial, intermedia y última les corresponde a los cancilleres Karamanlis (2OO4-9) quien, con su conservadora “Nueva Democracia”, “no dio una a derechas“ y Papandreu (2OO9-¿..?) –no es el padre de Buenafuente-, quien, desde el socialista PASOK, rebasó por la derecha en las elecciones del 2OO9 sin adelantar con celeridad, por falta de “mano izquierda”, la infernal contabilidad de Perséfone maquillada por Afrodita. La actuación de ambos ha sido muy singular por más que sus nombres de pila lo sean en plural; Kostas y Yorgos respectivamente.

El ministro de Finanzas ha sido hospitalizado en las últimas horas; mientras su Primer Ministro, con el país en cuarentena, intenta superar una Moción de Confianza previa a la convocatoria de un referéndum vinculante en el que se baraja la opción de un segundo plan de rescate “a la carta”. Al tiempo “la” Merkel y “el” Sarkozy intentan “cantarle las cuarenta” a Yorgos, que está en “las diez de últimas”.

De la abundancia supervisada por la diosa Deméter a la insustancia ¿fiscalizada? por los controladores de Bruselas. Todo esto unido a la conveniencia de la connivencia entre autoridades y gobernados; tres ejemplos: funcionarios pensionados en forma de jubilación a los cincuenta y cinco años, contribuyentes que no pagan al fisco, empleados públicos de Hacienda que “se dejan querer” con el cariño de una buena “mordida” saltándose olímpicamente sus obligaciones aquéllos y éstos.

A esta situación hay que sumar la ingente deuda contraída por la Hélade que nos ha dejado helados a casi todos. Deudores (griegos) y acreedores (alemanes, franceses, etc.) buscan un rescate pactado y pagado con dinero de todos por la alevosa imprudencia de unos pocos, buenos tomadores del Peloponeso y mejores practicantes del “griego” con los suyos, quienes se van a enterar de lo que “vale un peine” en forma de recortes de pensiones y despido de funcionarios.

Nos cantaba Guillermina Motta que amaba “a los hombres como si fueran ropa interior de quita y pon”; es justo la música y letra que suena estos días en la Europa de los veintisiete: una quita (minoración) de la deuda del 5O% y un pon, sobre la mesa, de una cantidad aún por señalar, unidos ambos a la renegociación (novación) del tiempo e interés de los préstamos ya concedidos.

Si Telly Onassis –filósofo de las finanzas- estuviera con nosotros, se “armaría de paciencia” como buen armador que fue y “no daría puntada sin hilo” frente a las mitológicas Hilanderas, dueñas del destino económico griego.