Menú Portada
Mi Tribuna

Si éramos pocos… llega José Manuel Soria

Abril 18, 2016
soria

La dimisión de José Manuel Soria es el remate que le faltaba al Partido Popular. Un  remate a su credibilidad en todo el centro del debate político. El debate en torno a la limpieza de un PP acosado por la corrupción alcanza su máxima expresión con la salida del ex ministro. En este caso no se acusa a Soria de corrupto, sino de haber mantenido una actitud poco decorosa con su implicación en los Papeles de Panamá o la sociedad offshore de Jersey, tan legal como invisible a efectos políticamente éticos.

Pero la salida de Soria del Gobierno desnuda una vez más al PP y su forma de comunicar y comunicarse. Del equipo actual, Pablo Casado y Andrea Levy representan tal vez otra manera de expresarse porque no pierden la cara a la actualidad dentro de la tormenta; el resto de la vieja guardia sigue a lo suyo y eso implica situaciones como las que han desembocado con una dimisión que golpea en plena línea de flotación de un PP a caballo entre las posibles nuevas elecciones y los ‘no’ pactos de PSOE, Ciudadanos y Podemos. Al Partido Popular se le encadenan los problemas. Aparece Rita Barberá, intocable. Y luego el alcalde de Granada, que no se marcha porque no aprecia corrupción alguna, y después José Manuel Soria con su firmeza inicial para justificar lo de Panamá hasta que explota Jersey y su offshore legal, pero invisible.

Los errores de Soria

Soria encadenó una serie de errores estratégicos cuando estalló su implicación en los papeles de Panamá. Desde su soledad, primero se escudó en una supina ignorancia impropia de un político que ha asumido diferentes cargos locales y regionales  en una trayectoria culminada con su nombramiento como ministro. “Todo esto fue hace tanto tiempo, que ya no me acuerdo”. La exposición pública implica fidelidad al cargo desde el minuto cero, asumiendo responsabilidades que empiezan en la transparencia. Un ministro no puede decir eso, nunca. Ahí radica la clave de su dimisión; primero no “acordarse” y después “esconder” esa offshore legal pero invisible para el ideario de una clase política reñida con la transparencia.

Se acumulan los casos de corrupción

Al PP se le acumula la corrupción pero ya piensa en las elecciones. Es el mal menor en una eterna incertidumbre que no cesa. Soria ha sido la puntilla que acorrala a un partido y una idea. El ‘gran pacto’ que busca Rajoy no tiene sentido, pero menos en este clima irrespirable donde el presidente en funciones asiste con mascarilla a una infección permanente. Rajoy no entra en ninguna quiniela de alianzas pero él espera a hacerse imprescindible cuando gane las nuevas elecciones. Ya veremos a quién le pasa factura esta consulta: Ciudadanos cree en su crecimiento; Podemos se sabe superior al PSOE; Pedro Sánchez busca su espacio sabedor de que se ha metido en un laberinto y el PP, pues eso, piensa que va a ganar de nuevo con ventaja suficiente como para plantearse un pacto más tranquilo con la segunda fuerza que le siga. La incógnita es saber si no habrá condiciones futuras en este clima tan estigmatizado.

Soria no sabía nada y es tremendamente grave que, a los papeles de Panamá, se le una esta sociedad opaca que llevaba su firma; esa firma que supone su defunción política y se une a los episodios encadenados de la tragicomedia del PP.

Las encuestas siguen favoreciendo al Partido Popular y a eso se aferra un Rajoy que ya no conoce a Soria. Ni a Rita, ni a Rato, ni al alcalde de Granada ni a nadie que pueda hacer sombra a una idea que se basa en aguantar: en realidad, lleva con esta táctica desde diciembre, cuando ganó pero perdió las elecciones y planteó una alianza que él sabía imposible. Pero también sabía que las demás combinaciones tenían muy pocas opciones de cuajar, por eso aguanta. Aguanta en medio de las tormentas, de sorias y de todo lo que se ponga por delante aferrado a un instinto de supervivencia política al que muchos ponen fecha de caducidad. Soria puso la suya con una amnesia repentina que acabó con su vida política y hundió aún más las expectativas de un partido sometido a lo que todavía marca su líder. Si eran pocos, parió un ministro impensable sobre el que se volcaron todas las sospechas en cuestión de horas. Las que aguantó hasta asumir que esto ya es imposible.

Félix-Ángel Carreras Álvarez

@fcarreras68