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Mensaje en una botella

Si el mundo se acaba el viernes

Diciembre 13, 2012

Este mensaje en una botella está pensado para ocasiones como ésta. Aquí dejo escrito algo que necesito confesar. Si el mundo se acaba el viernes, estas palabras serán mi testamento y navegarán por el océano sin rumbo hasta llegar a nadie, porque no habrá nadie que pueda leerlas. Si el mundo se acaba el viernes, mi mensaje en una botella será una lágrima en un mar de olvido.

Nunca imaginé que me vería en esta encrucijada. ¿Confesar o callar para siempre? ¿Revelar una verdad o guardarla eternamente? ¿Desvelar un misterio o esconderlo en las entrañas del silencio? ¿Contar a todo el mundo lo que sólo a una persona debería decir o enmudecer para preservar el secreto? Ha llegado la hora de decidir. Y la decisión está tomada.

El sol lucía aquella mañana de primavera como si quisiera hacerse notar, como si pretendiera dejar grabado su recuerdo en mi memoria. Tenía prisa y encaminé mis pasos hacia el Metro, en el que tantas horas de mi vida se han quedado por el camino. Pero aquella vez dejé de contar las horas. Sentada frente a mí en el vagón, sus ojos brillando como el sol de aquella mañana, estaba ella. Y ya nunca se marchó de mi vida.

Desde entonces, cada día a la misma hora volvía a encontrarla. En el mismo vagón. En el mismo asiento. Con la misma mirada, con una sonrisa que cada día iba creciendo al verme a modo de saludo porque ya me había convertido en una parte de su vida, quizá insignificante pero una parte al fin y al cabo. Desde entonces, cada día pensé en hablar con ella. Desde entonces, cada día lo intenté. Pero no pude. Como en aquella canción de F.R. David, “las palabras no me salen y ellas son la única manera que tengo de decir lo que siento”. 

La puerta de mi corazón 

Sí. Desde ese día, todos los días pensé en decirte que me gustaría poder bajar del vagón y detenerme a hablar contigo. Me gustaría saber si tú también lo habrías hecho. Querría saber si tú también habías pensado alguna vez en mí, aunque hubiera sido un solo instante. Ese instante podría ser la chispa que hiciera brotar la llama, esa llama que tal vez cambiaría nuestras vidas para siempre. Ese instante podría ser el comienzo del resto de nuestras vidas.

Pero no tuve valor para decírtelo y un día desapareciste. Desde entonces, cada día a la misma hora volví a buscarte. En el mismo vagón. En el mismo asiento. Pero ya no volví a verte. Como un amante que sale en busca de su amada, no he faltado un solo día y ni un solo día te he encontrado. El sol no ha vuelto a ser el mismo. Yo tampoco. Él parece haberse apagado. Yo también.

Qué poco necesita el ser humano para ser feliz y qué poco hace falta para transformar la felicidad en tristeza. Si el mundo se acaba el viernes, quiero que sepas que no he dejado de pensar en ti y que me pregunto cómo sería mi vida a tu lado. Si el mundo se acaba el viernes, quiero que sepas que algo parecido al amor ha golpeado con fuerza la puerta de mi corazón. Si el mundo se acaba el viernes, quiero decirte que te quiero… antes de que el mundo pueda acabarse el viernes.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero