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A renglón seguido

Sesenta segundos de silencio

Junio 29, 2015

A este último grupo pertenecen ciertos actos conmemorativos que mantienen viva la llama del respeto y del cariño que profesamos, de forma voluntaria u obligada por terceros, respecto de nuestros semejantes. Se ha celebrado el Día de las Víctimas del Terrorismo, que tiene lugar, desde hace unos pocos años, cada 27 de Junio, momento –1960- en el que tuvo lugar la primera intervención violenta con resultado de muerte del grupo terrorista local más dañino que hemos padecido, unos más que otros, en España bajo la denominación de origen: Euskadi y libertad (Euzkadi ta askatasuna).

Dolor de las familias

En el Congreso ha comparecido con su señorío, no como señoría, María del Mar Blanco en calidad de presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo, una de las agrupaciones que intenta abanderar la hegemonía en el liderazgo reivindicatorio del dolor de las familias y personas de su círculo más próximo, así como los homenajes y reconocimientos populares e institucionales a los fallecidos.

Aparejadamente aparece la figura del político de turno ofreciendo un aura de solidaridad con los afectados, presentando sus respetos y condolencias y haciendo uso de una gastada y rancia ensalada de declaraciones repletas de obviedades, aliñada con manifestaciones que, lejos de encontrar la proximidad de los conciudadanos, consiguen un alto grado de indiferencia. En realidad, enmascaran la dudosa capacidad que reside en el hogar de sus obligaciones durante el ejercicio de su responsabilidad. 

Túnez, Kuwait y Francia

Este año ha coincidido, además, con los sangrientos sucesos acaecidos en Túnez, Kuwait y Francia, donde los amigos de la sangre del prójimo vampirizan la vitalidad ajena, persuadidos de su execrable deseo de hacernos partícipes de los paradisíacos parabienes que nos aguardan por encima de las nubes; eso sí, con la pretensión de procurárnoslo antes de la azarosa o prefijada fecha de partida.

Para una aproximación cognitiva de los acontecimientos dirigida al tendido ciudadano aparecen las reflexiones de los entendidos expertos, que describen los encendidos odios y tendencias de los agresores acompañándose de datos: origen del problema –las consecuencias se explican por sí solas-, objetivos a conseguir por parte de los sanguinarios, ausencia de voluntad y homogeneización política de las diferentes partes afectadas, etc.

Cansado de tanta oratoria

Como de costumbre, no se ha hecho de rogar la toma de las primeras medidas por parte de las autoridades, esas que aparecen a golpe de recetario y que se consensuaron para tranquilizar las conciencias de sus ideólogos, como la convocatoria a los miembros del llamado Grupo 5+5, países del contorno mediterráneo europeos y africanos concernidos por este tipo de hechos, para valorar la situación; es decir, más de lo mismo.

En el ámbito local, el Gobierno, a través del infatigable y combativo Ministro del Interior –el mejor practicante del culto de hiperdulía-, ha decretado la alerta “4” sobre “5” en materia de seguridad tras los atentados, o sea: “ocho o diez días” de sobrevigilancia extra para garantizar la seguridad de los administrados. Simultáneamente nos ha advertido –tratándonos como a legos- de que “el riesgo cero no existe”. ¡Si no nos lo llega a advertir…! Por su parte, su superior monclovita nos invita a su peculiar Breyndis al sol, alentándonos con el ideario de que  tengamos “la seguridad y la certeza” de que la batalla contra el terrorismo se librará “hasta el final”. ¿Falta mucho?, porque uno ya se cansa de tanta oratoria, en tanto que el fundamentalista convecino de al lado no cesa en su empeño de: a “su” Alá rogando y con el mazo dando.

Permaneceremos, mientras, guarecidos en la galería del estupor común, ante la falta de un tratamiento de choque efectivo que afronte de frente la situación, guardando los tradicionales sesenta segundos de silencio.

Paco de Domingo