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¡Qué fuerte!

Ser catalán y ser español

Septiembre 24, 2015

Una vez más, como tantas otras veces, toca escribir de Cataluña y los catalanes. En dos días hay elecciones autonómicas y, en contra de lo que muchos piensan, no se va a votar por la independencia o no. Simplemente se va a elegir un parlamento que les gobierne. Si es verdad que, dependiendo de quién gane, darán más por saco o no con el tema independentista, pero nada más. Es una cuestión de orgullo para los nacionalistas que ganen ellos, en cambio, para el resto de catalanes que se sienten españoles, es una pesadilla más esto de tener que ir a votar cada vez que a Más se le antoje.

Precisamente son esos, los catalanes que se quedan en casa el domingo, que van al parque con sus hijos y les hablan en español, los que deben acudir a las urnas para demostrar al resto de España qué es lo que quieren. La gran abstención que hay siempre en estos comicios debe acabar de una vez para que todos sepamos que quieren de verdad los catalanes. Hay una historia detrás que resquebraja a España en distintos reinos que después se unieron y formaron un gran país del que todos estamos orgullosos cuando ganamos al fútbol o al baloncesto, pero que nadie se atreve en la vida cotidiana a defender con nuestra bandera por temor a ser tachado de facha.

Lo retrógrado de relacionar un símbolo patriótico con una ideología

Es lo más retrógrado de las mentes separatistas, relacionar un símbolo patriótico con una ideología. Cuánto me alegré el día que Pedro Sánchez se proclamó presidente del PSOE con una gran bandera española detrás de él demostrando que nuestra bandera no es un símbolo de la extrema derecha, sino de todos los españoles. Aun así fue cuestionado. ¡Cuánto nos queda por aprender de los americanos! Cincuenta estados unidos en un gran país bajo un himno y una bandera. Aquí somos tan desgraciados que hasta criticamos nuestro himno porque no tiene letra. ¿Qué más da que no tenga letra? Es una melodía maravillosa que eriza la piel cuando suena. Además, somos tan asquerosos que si tuviera letra, no sería del gusto de todos y sería criticada. Porque así somos los españoles, nada nos viene bien y nos quejamos por todo. Mi envidia por los valores patrióticos de otros países es inmensa.

 Por eso no entiendo que un grupo de varios millones de personas quieran separarse e irse de la que ha sido su casa toda la vida. No conocen otra cosa. Siempre han vivido aquí pero, al igual que el hijo desagradecido, quieren independizarse e irse a una casa nueva, eso sí, llevando a lavar la ropa sucia a casa de mamá y llenando la nevera con la comida de mamá. Sinceramente, si todos los catalanes salieran a votar y ganara el independentismo, no me importaría que se cambiara la Constitución y darles puerta, pero con todas las consecuencias: se acabó el grifo abierto, las ayudas, los presupuestos y chupar de la teta. Allá se apañen. Pero como española, ojalá todos los que siempre se quedan en casa salgan el domingo a los colegios electorales para decidir el futuro de su comunidad. Porque es posible y maravilloso ser catalán y español a la vez.

Rosana Güiza

rosana@rosanaguiza.com