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Seguridad y salud vial, XI Mandamiento de la Ley de Dios

Noviembre 3, 2009

Jesús Infiesta comienza hoy su colaboración semanal en nuestro periódico. Además de sacerdote y periodista, se precia de haber sido educado en la antigua escuela del humanismo cristiano de Maritain. Y de haber bebido de las fuentes de los grandes humanistas de la ética como Erasmo de Rotterdam, Petrarca, Dante Alighieri o Santo Tomás. Es en ellos y en otros muchos más, en los que se ha inspirado, para que al socaire de la noticia, nos ofrezca un reflexión semanal, cuya moraleja se aplique al mismo lector.

La más moderna y mortal enfermedad que padecemos hoy es la velocidad en carretera. Contra ella existe una medicina eficaz pero de difícil ingesta y administración: se trata de repetidas dosis de prudencia, de personal consumo, de repetida, auto facultativa prescripción. Se trata de observar un riguroso control de la velocidad.

Seguridad y salud vial seria, debería ser hoy, el undécimo mandamiento de la Ley de Dios y los Profetas. Porque las leyes, los mandamientos, se promulgan para ser rigurosamente observadas, rigurosamente cumplidas. De lo contrario ahí están las penas de los infiernos y purgatorios de las multas y las sanciones, impuestas por esos “ángeles de la guarda” de la DGT, hasta imponer la justa condena de la retirada de carné. Parece que desde su implantación por puntos, se ha salvado un considerable número de personas en las carreteras, y, desde luego, se ha reducido la siniestralidad. En esto consiste la eficacia de una especie de civil contrición.

Las cámaras, el ojo de dios

Hasta 1.800 cámaras y 230 radares controlan las incidencias del tráfico en nuestras carreteras españolas. España está a la cabeza en tecnología para la regularización del tráfico, sólo superada en Japón. Somos un país pionero en instalar cámaras. Según las estadísticas, en dos meses de permiso por puntos disminuyó un 4% la velocidad media por circulación en carretera. Aún así se impusieron 100.000 multas entre julio y agosto pasado, y han sido retirados casi 300.000 puntos de carné.

Ya digo, el “genérico” medicinal más eficaz contra esta terrible enfermedad, es el “genérico” de la prudencia, garante de una buena salud vial. Se trata, ni más ni menos, que de la puesta en punto de una de las cuatro virtudes cardinales, de rango teológico, que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o evitarlo. También se llama mesura, o templanza. “Del prudente nace el providente”, decía nuestro sabio refranero. Porque, nunca mejor dicho aquí y ahora: “La prudencia en quien la tiene, mucho daños y males previene”, ya que, como sigue recomendando el viejo refrán “un ten con ten para todo está bien”.

Y nada menos que la Biblia, en su libro de los Proverbios, recuerda que “la prudencia de un hombre se conoce por su templanza”. En fin, como también sentencia la tradicional paremiología cuando reza que “la sabiduría podemos aprenderla de otros, pero la prudencia debemos buscarla en nosotros mismos”.

Así que prudencia, mucha prudencia en la carretera, es la regla de oro de la salud vial.

Jesús Infiesta