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Mensaje en una botella

¡Se sienten, coño!

Febrero 24, 2011

Quien nada tiene que contar sobre el 23-F es un don nadie. Si el 23 de febrero de 1981 no hiciste algo relevante o ni siquiera recuerdas dónde estabas, habrás vagado como alma en pena durante esta semana del trigésimo aniversario. Cualquier español de bien que se precie, supo estar en su sitio aquel lunes gris tirando a negro en el que un guardia civil con bigote puso voz y gesto a una España a la puede perdonarse pero nunca olvidar.

Esa discutible forma de conjugar el imperativo del verbo sentarse, que convirtió el ¡Se sienten, coño! en frase de referencia para bromas y chascarrillos, no hizo precisamente gracia a quienes se jugaron el bigote en los pasillos del Congreso. Pero ayudó a desdramatizar, con el paso del tiempo, ese penoso lance de la historia de España.

Ya prometía el discurso de los golpistas cuando las cuatro primeras palabras que salieron por boca de Tejero fueron: “¡Quieto todo el mundo!” Eso hacía presagiar mucha contundencia en los enunciados y escasa imaginación en la exposición de ideas. Claro que tampoco hacía falta profundizar en detalles ante el auditorio porque ya iba a encargarse de ello “la autoridad, militar por supuesto” que nunca llegó a aparecer porque el golpe de Estado salió rana.

Calcetines de colores

Si eres un demócrata de toda la vida y aquella noche te fuiste a la cama tan tranquilo, eres un impostor. Lo que ahora se lleva es vanagloriarse de la confianza en la fuerza de la Democracia que tuviste en esos delicados momentos. Lo que ahora mola es pitorrearse de esos guardias civiles que, en algunos casos, aparecieron en el hemiciclo con calcetines de colores. Así lo recordaba antes de morir el general Gutiérrez Mellado, ése que tuvo la valentía de levantarse del escaño y plantar cara a los golpistas.

Pero en el caso de Gutiérrez Mellado, cualquier broma que pudiera permitirse se quedaría corta ante el valor que demostró aquel día. El entonces vicepresidente del Gobierno fue uno de los tres únicos hombres que siguieron en pie tras los disparos de los golpistas. Los otros dos, Suárez y Carrillo, tampoco ocupan ya escaño en el Parlamento. ¿Cómo es eso que dicen acerca de que siempre se van los mejores?

La Radio fue nuestro Twitter

Si eres periodista y no estuviste en el Congreso o no cubriste la información del golpe de Estado fallido, eres un chiquilicuatre. Durante los últimos días hemos podido descubrir, en un ejercicio de agudeza visual de los que propone Forges, a periodistas que creíamos que supieron del 23-F de oídas. Pero estábamos equivocados: ellos estaban allí o lo parece.

La clave radica en narrar tu experiencia con pausas valorativas, con silencios que parecen hablar por sí mismos y con una suerte de emoción contenida muy útil para las grandes ocasiones. Con estos ingredientes, cualquier exposición sobre lo ocurrido aquel día concede a tu testimonio una credibilidad a prueba de tiros de golpista.

Dice Fernando Ónega que “aquella noche de los transistores, la Radio consagró su crédito y fue nuestro Facebook, nuestro Twitter”. Ónega lo sabe bien porque es uno de los periodistas que pasaron aquella noche trabajando y exponiéndose como un torero, plantando la taleguilla frente a los pitones de aquel morlaco de nombre Golpista. Pero Golpista fue devuelto a los corrales y nunca más se supo. Ni falta que hace.

  

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

jdguerrero@extraconfidencial.com