Menú Portada
No me moverán

Se acabó: a legislar

Enero 16, 2012

Era la Crónica de un Desencuentro Anunciado. Sindicatos y CEOE no iban a llegar a ningún acuerdo sustantivo. Lo sabían hasta en Katmandú. Entonces, ¿por qué darles casi un mes para que presenten acuerdos? ¿Por cortesía? ¿Por qué todos dicen que las Reformas Laborales pactadas son más eficaces? ¿Razones políticas? ¿Ganar tiempo?
 
Cualquiera de estas razones es razonable, valga la redundancia. Sin embargo, se acabó: ahora hay que legislar. Los dos grandes temas son: la regulación de los convenios colectivos y las modalidades de contratación y despido. Analicemos el primero.
 
El poder del aparato sindico-patronal
 
En la Transición se reguló la relación laboral con cierto aroma de la época franquista. Las cúpulas de CEOE (poblada de antiguos miembros de la parte económica del sindicato vertical), y sindicatos (procedentes de la clandestinidad, con pequeñas incrustaciones de la parte social del Sindicato franquista), negocian; luego, en cascada, se derraman los acuerdos en los diferentes niveles sectoriales hasta el ámbito provincial y la empresa en particular. Hay convenios de empresa, pero siempre para mejorar condiciones laborales del convenio sectorial. Lo importante es lo acordado por los aparatos de patronal, UGT, CC.OO y, en algunos casos, otros sindicatos menores o de ámbito autonómico.
 
Eso ha producido orden, paz social y reformas pactadas, adaptadas a la situación económica española general. Fue útil y demostró un grado de responsabilidad de los interlocutores sociales importante. Pero, no había una adecuación muy estricta a las necesidades de cada empresa. Tan era así, que se inventó el concepto de descuelgue: si una empresa está en pérdidas y necesita cambiar las condiciones del convenio sectorial para sobrevivir, puede descolgarse del convenio sectorial si lo aprueba su sindicato y la autoridad administrativa competente.
 
La consecuencia de este sistema es reforzar las estructuras de sindicatos y CEOE. Se les  da una función clave en las relaciones laborales en los distintos niveles territoriales, desde el nacional al provincial. Razón por la cual a ni los unos (UGT y CCOO), ni los otros (CEOE), les apetece modificar la situación. Sólo aceptarían, a regañadientes, modificaciones parciales y, eso, si no hay más remedio. Por ejemplo, ampliando y objetivando las causas de descuelgue.
 
La economía ha cambiado: se compite en mercados cada vez más amplios
 
Cuando la economía era más cerrada que ahora, las empresas podían competir unas con otras dentro de España con las mismas condiciones laborales. Pero ahora ha cambiado la situación. Nuestras empresas deben competir en mercados más amplios con empresas que pueden tener marcos laborales diferentes. Por tanto, la empresa española necesita más flexibilidad a la hora de organizarse, más capacidad de negociar sus propias relaciones laborales para ganar en competitividad.
 
Por eso la nueva Reforma Laboral debe cambiar las tornas. Primar el convenio de empresa. Frente al descuelgue el concepto debería ser: la adhesión. Los convenios sectoriales serían no vinculantes. Cada empresa negociaría su convenio y, según conviniera a su Dirección y su Comité Sindical, se adheriría voluntariamente en todo o en parte al Convenio Sectorial.
 
Los convenios sectoriales pasarían a ser un servicio ofrecido por las estructuras sindico-patronales; no una imposición y tendrían que tener en cuenta las variadas necesidades de las empresas y, para eso, ofrecer marcos muy flexibles. Dejarían de ser un corsé para pasar a ser una ayuda.
 
En resumen: el gobierno debe legislar entre mantener el poder de los aparatos sindico-patronales o trasladarlo a las empresas. Ahora, en una economía más abierta, parece que debería inclinarse a la primar las relaciones de cada empresa sobre las del sector. Las próximas semanas sabremos cuál de estas dos posturas adopta.

J. R. Pin Arboledas es Profesor del IESE. Director del Executive MBA Madrid.