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Otras opiniones

San Pedro, experiencias místicas

Julio 18, 2012

Todo el mundo va a pensar al empezar a leer estas líneas que estoy hablando de la Ciudad del Tíber,de la ciudad de la columnata inmortal de Bernini que abraza al visitante y que lo envuelve en un halo místico mientras, desde lo alto de la cúpula de la Basílica de San Pedro, el genial Miguel Ángel da las últimas instrucciones en las obras de la Ciudad del Vaticano. Pero nada más alejado de la realidad  -o más cercano-, según se mire, existe otro San Pedro que se localiza en la Comunidad de Murcia y que, como apellido, tiene la importancia del medio que lo rodea, San Pedro del Pinatar. Las ciudades mediterráneas son muy parecidas, existen muchas similitudes entre San Pedro en la Ciudad del Vaticano y la ciudad de San Pedro (del Pinatar, claro) y en si un pequeño Vaticano. En las dos te reciben con los brazos abiertos, en la primera puedes tener la gran suerte de ver al Papa asomado por la ventana de sus aposentos antes de dirigirse a la cristiana concurrencia, en la segunda, también con suerte, los telones de fondo aparecerán y habrá alguien que te espere, aunque no sea el Santo Padre, para ti será como si lo fuera.

Una de las cosas que más marcan al ser humano es la espera (esperanza), mezcla de ansiedad y pérdida de tiempo, nos confunde a veces, pues esperar algo que nunca se va a producir produce una frustración absoluta en términos matemáticos. Todos deseamos –esperamos-  que haya alguien que esté allí, que mate y muera por nosotros. Ya lo hizo Jesucristo hace unos dos mil años y eso sin llegar a conocernos del todo porque, de haberlo sabido, creo yo, en su infinita bondad no habría dado un euro –o un sestercio-  por nosotros ni se hubiera dejado crucificar como lo hizo terminando clavado en una leñosa cruz.

Descanso en el Mediterráneo

San Pedro es uno de los lugares de descanso más eternos y fabulosos del Mediterráneo, en uno descansan los que dieron su vida por los demás (o lo intentaron) y en el otro los que quieren dar su vida por los demás (y lo intentan). Mientras en el primer caso los cuerpos yacen inertes en el aceite de embalsamar especial con el que los dirigentes vaticanos son ungidos, en el segundo caso es el aceite solar el que es aplicado en todo momento con cuidadas manos y el debido y sensual recato. Es extendido por todas las partes de los calientes y suaves cuerpos que retozan bajo el sol del mismo mar que lame las tumbas de los Reyes Vaticanos en Roma.

La dualidad está aún más cercana cuando has visitado ambos lugares no distingues los sonidos de la noche, el Castillo de San Jorge guarda las almas que se quejan en las penumbras de cada madrugada vaticana; el atrio de cualquier hotel- balneario de San Pedro del Pinatar esconde diferentes lamentaciones que desgarran las noches estrelladas del Mediterráneo compitiendo en tonos y afinaciones unas con otras. Toda una experiencia, las comparaciones no son tan odiosas en ningún lugar espiritual como lo es San Pedro, en cualquiera de los dos.

Mientras, la vida pasa a orillas del Mare Nostrum que nos da la sal de la vida, se nos regalan experiencias místicas y experiencias agnósticas y esa similitud y a la vez radical oposición se complementa cuando la espera se hace corta y comienza a tener más que sentido.

Antonio Lambea Escalada, Arquitecto y Perito Col 14758 COAM