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Otras opiniones

Rubalcaba y los ¿ingenuos? mediadores

Diciembre 19, 2010

Desde los orígenes de las acciones terroristas a cargo de ETA y más tarde, décadas después, cuando ya absolutamente nadie dudaba en España de que la amenaza de ese grupo armado era pura y simplemente terrorismo y extorsión al más puro estilo mafioso en un Estado democrático, siempre han surgido “mediadores internacionales” que bajo el manto de una más que dudosa voluntad altruista de búsqueda de la paz en España y Euskadi, acababan por acarrear una triple consecuencia, nunca buena para el Estado democrático y siempre balsámica para los etarras y sus apoyos:

La primera, crear dudas en la acción policial y judicial que hasta ahora se han mostrado como las únicas y exclusivas auténticamente eficaces para arrinconar y debilitar a la banda terrorista; la segunda, dibujar un falso y virtual jardín de margaritas y palomas de la paz ante la opinión pública y sobre todo ante algunos sectores del país vasco que nunca han acabado de renunciar a la vía negociadora y nunca han creído en la exclusividad de la acción de fuerzas de seguridad y justicia para acabar con esta lacra y la tercera, sembrar dudas fuera de España –y algo de ingenuidad aporta algún informe de amnistía internacional- sobre la legitimidad de la lucha de los demócratas contra el terror etarra y más allá, recuperar el espantajo de que existe un conflicto de soberanía territorial no solventado con la transición democrática.

 Vamos, que se hace imprescindible la presencia de “hombres buenos y justos” para ayudar a resolver lo que al parecer no supieron ni los gobiernos de Adolfo Suarez en los primeros pasos de la etapa democrática, en los que por cierto se sentó una de las constituciones más garantistas del mundo y el actual Estado de las autonomías cuyo interminable recorrido es uno de los principales reproches de la historia al ex presidente, ni los de Felipe González que a pesar de haber protagonizado en sus etapas de gobierno el oscuro asunto de los GAL siempre mantuvo y sigue manteniendo en el exterior una sólida imagen de progresista y socialdemócrata fuera de toda duda, ni los de José María Aznar, que antes de caer en la cuenta de que la piscina tirando a llena de la que le habló Arzallus transformada en la tregua-trampa de cuyo anuncio tuvo conocimiento en la selva peruana de Iquitos, no dudó en hablar de “Frente vasco de liberación” en su declaración oficial post tregua ni en agrupar presos etarras haciendo caso omiso a su ministro del interior Jaime Mayor Oreja; ni finalmente los gobiernos de un Rodríguez Zapatero, hoy pilotados por el hombre fuerte Pérez Rubalcaba, también ministro del interior.

Algo más que buenas intenciones

Pues bien, ahora que el arrinconamiento de ETA y de quienes apoyan a la banda es más exitoso que nunca, ahora que la ilegal Batasuna se encuentra entre la espada y la pared sabiendo que no acudirá bajo ninguna forma a las elecciones municipales –que certificará la defunción de sus vías de financiación legales- si no condena clara y taxativamente la violencia, vuelven los límpidos mediadores internacionales, otra vez al calor de la anunciada tregua “verificable e indefinida” de la banda a ofrecer sus “servicios”.

Y nos preguntamos si detrás de los Pérez Esquivel en su Momento, de las admiradas pero equivocadas madres de Mayo, de la “Comunidad de San Egidio” con su cardenal Roger Etxegaray a la cabeza, de la fundación Henry Dunant o del abogado sudafricano Bryan Currin hay algo más que un simple, mero e ingenuo interés por mediar entre un Estado democrático y una banda de terroristas.

Llegados a este punto, el gobierno actual espera los movimientos de ETA y su entorno tras la nueva y enésima tregua pero sabe dos cosas: una, que la opinión pública ya no perdonaría con la misma candidez una segunda negociación fallida que refuerce a la banda y además meta a sus apoyos en los gobiernos municipales; y la otra, que ETA es la primera sabedora de que sin el consenso y anuencia de los dos grandes partidos estatales y con posibilidad de gobernar, PSOE Y PP, todo lo que se haga o diga tras el comunicado será papel mojado.

Julián Cabrera, director de Informativos de ONDA CERO