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¡Qué fuerte!

Rosana en África (III)

Julio 5, 2012

Cinco días después de mi regreso de Zimbabue no paro de pensar en aquello y en ellos. Repaso fotos, recuerdo momentos, seco lágrimas. Me siento feliz por haber compartido un poco de mi con ellos pero también estoy triste por haberlos dejado allí. Aquella gente es especial, humilde, sencilla, pobre materialmente pero rica en espíritu. Me dijeron que este viaje me cambiaria la vida. No es cierto. No me la ha cambiado. Mi vida sigue siendo la misma; el mismo trabajo, con las misma gente, mi misma familia, mi casa que sigue aquí y mis mismas comodidades y caprichos. Lo que si me ha cambiado es el estado de ánimo. Ahora me toca digerir, procesar e intentar ayudar desde aquí en lo que pueda y como pueda.

Nudo en la garganta

Cuando el avión despegó de Zimbabue, las lágrimas corrían por mis mejillas sin cesar. Sin sofocos, ni suspiros, ni congoja, sólo lágrimas sin parar y un nudo en la garganta y en el estómago. El corazón encogido. Y en mi cabeza, sólo un pensamiento: “quiero volver”. Al llegar a Madrid buscaba chozas de adobe y techos de paja por todos sitios, comparaba constantemente a los niños que veía por las calles con los que veía por los caminos. Es duro. Aquí todo tipo de comodidades, allí ni si quiera lo justo. Pero la vida sigue, y el padre de un amigo se está muriendo de cáncer con 80 años, a otra amiga la han despedido del trabajo y así. Allí mueren a los 45 y no pierden el trabajo porque no tienen.

Las lágrimas han ido cesando, sólo afloran si vuelvo a contar toda la experiencia por enésima vez, si no, me contengo, pero en la cabeza siempre están ellos, comparándolos con todo; con el disgusto cuando vas a por un vestido que te gustaba y no queda de tu talla, por el corazón destrozado cuando un aspirante a novio ha dejado de mandarte mensajes o de llamarte. Comparo, inevitablemente, y eso ha pasado a un segundo plano. Bueno, no, a un segundo no, a un plano inexistente. Eso ya me da igual. No valoramos lo que tenemos porque está ahí y si nos falta, entonces es un drama. Ellos, como no han tenido nunca nada, no pueden hacer un drama de nada, de algo que no ha existido nunca. Su única misión allí es sobrevivir el día a día. Luchar por lo que comer hoy. El ayer ya pasó y mañana ya veremos como nos las apañamos. Lo importante es sobrevivir hoy. Y así, un día detrás de otro. Ahora los echo de menos, sus miradas y sus sonrisas y mi interior ya no es igual que antes. Ahora ya solo pienso en volver algún día.

Si quieres ayudarles conmigo manda un sms con la palabra COLE al 27070 o entra en www.rosanaenafrica.org y colabora a través de paypal. Incluso puedes apadrinar uno. Yo te doy las gracias en su nombre.

Rosana Güiza Alcaide
rguiza@extraconfidencial.com