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Otras opiniones

Ricky Martin: el “marica”

Abril 1, 2010

La salida del armario de Ricky Martin ha despertado un sinfín de comentarios. Los informativos de nuestras televisiones abrían sus ediciones con la noticia a toda página: “Sale del armario el cantante puertorriqueño”, decían, uno tras otro, los presentadores de las noticias. Insólito. El muchacho, que en estos momentos cotiza al alza y no por su grandilocuente ritmo musical, decidió anunciar su consabida homosexualidad a través de su propia página web. Un escrito rococó, lleno de fábulas y reflexiones amarillentas, servía como confirmación a un rumor que paseaba por los rincones con una facilidad pasmosa, y dejaba al descubierto una gran parte de su intimidad: “Les juro que cada palabra que están leyendo aquí nace de amor, purificación, fortaleza, aceptación y desprendimiento. Que escribir estas líneas es el acercamiento a mi paz interna, parte vital de mi evolución. Hoy acepto mi homosexualidad como un regalo que me da la vida. ¡Me siento bendecido de ser quien soy!», dice.
Sin embargo, ando un tanto mosqueado e incluso disgustado, ante su discurso. Imagino que no debe ser fácil admitir, de alguna manera, que te gusta hacer el amor con hombres o que un pene en erección te provoca ansiedad y no rechazo, pero no consigo entender cómo, todavía, se habla con prejuicios de una identidad sexual que, por desgracia, sigue siendo tabú en más de la mitad de nuestro planeta. Ricky ha cometido uno de los errores más grandes al demostrar, de alguna manera, su negación y miedo. Sus explicaciones son abusivas, ciertamente tristes y hasta morbosas. No entiendo cómo es posible que en nuestros tiempos se siga reseñando historias como esta en todos los medios de comunicación. ¡Por favor, que Ricky Martín es gay lo sabía hasta mi abuela que en paz descanse! No es ninguna novedad, por eso, sin duda alguna, me molesta que el cantante haya hecho eso que dicen que tiene que hacer. ¿Por qué? Bastaría con haber presentado a su novio en una entrevista en alguna de esas revistas finas y elegantes en las que los niños bien posan con mucho maquillaje y colorete, o, simplemente, dando un paseo agarrados de la mano. No hay que buscarle tres pies al gato, quizás porque me da que pensar que este anunciamiento llega en un momento clave en su carrera discográfica. Ahora, cuando ni es tan popular ni vende tantos discos, ha necesitado darle un empujoncito a su vida laboral mediante este globosonda. Esa actitud, en lugar de ayudar a todo un colectivo, propicia mayor exclusión social y un desgaste increíble. Me da asco, en vez de alegría y alboroto. Ricky Martin es gay, ¿y qué más? Debería contratar a otras personas para que esbocen estrategias comerciales un poco más interesantes y menos olorosas.
Saúl Ortiz es periodista y novelista