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Otras opiniones

Retorno a Pachamama

Febrero 2, 2010

La divinidad Pachamama representa la Madre Tierra; No es una divinidad creadora sino protectora y proveedora; cobija a los hombres, posibilita la vida y favorece la fecundidad y la fertilidad.

Según las creencias quechuas los seres humanos viven en este mundo expuestos a las fuerzas de dos universos en parte contrapuestos. Ambos mundos están llenos de seres vivos y poderosos que influyen sobre todos nosotros, exigiendo nuestra colaboración, y a cambio brindándonos sus bienes y poderes, o caso de no tenerlos en cuenta, enviándonos sus amenazas para que cumplamos con ellos. La idea central es que se debe mantener una situación de equilibrio y reciprocidad con todos ellos; y a la vez garantizar ese equilibrio entre los dos mundos.

Por tanto la venerada “Pachamama”  se localiza en lo interno y en lo externo, en lo perceptible y en lo invisible. Por lo que es necesario respetarla, cuidarla y amarla incondicionalmente.

Ustedes se han dado cuenta de la vida tan ridícula que practicamos: Vivimos en un lugar donde el aire es irrespirable, la comida que ingerimos es absolutamente artificial, tardamos una hora para ir a trabajar; y todo ello para acabar pagando a un “médico de la salud mental”. Me niego a contribuir con la estupidez ¡humana!

Estamos abocados a deslizarnos por el borde del precipicio y nuestras conductas irresponsables no hacen mas que dañar la divina “Pachamama”; no me conformo con los argumentos practicados, que conducen a la conclusión de que en el periodo evolutivo en el que nos encontramos es imposible construir ecosistemas urbanos donde el hombre pueda interactuar con la Madre Tierra y disfrute de una alimentación sana y un entorno sugerente.

Parece mentira que tanta evolución tecnológica no nos haya dirigido a comprender  el lugar donde habitamos y entender que el ser humano necesita vida y tiempo para disfrutarla.

Hemos creado sistemas de vida erróneos, lugares inhabitables, horarios irresponsables y puestos de trabajo ridículos.

Tenemos que comprender, que cuanto mejor se sienta el hombre con el entorno, menos cosas materiales necesitará y más felices hará a las personas de su alrededor.

No nos damos cuenta que la vida que merece la pena ser vivida se encuentra en los pequeños detalles. No nos engañemos, somos unos primates evolucionados con ansias de colonizar lo inexistente; parecemos enormes colmenas de abejas que amontonan materia sin importarles de donde procede y para que sirve. Hagamos ejercicio de responsabilidad  y no permitamos que el tiempo (que todo lo cura) acabe precipitándose al vacío.

Alejandro Serrano es estudiante de Derecho, Económicas y Políticas