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Los puntos cardinales

Renacentismo florentino para la Roma del siglo XXI

Febrero 25, 2014

Una de las ciudades más apasionantes de Europa y de la que brotan desde hace cinco siglos manantiales de sabiduría y de vanguardia es Florencia. La capital de la Toscana ha vuelto al primer plano de la actualidad tras el nombramiento de su alcalde, Matteo Renzi, como nuevo primer ministro. Es un joven que se define a sí mismo como extraordinariamente ambicioso y que en apenas tres meses desde que fue elegido nuevo líder del centro-izquierda se propuso cambiar radicalmente los usos y las costumbres de la política transalpina. Renzi me recuerda a su paisano, el monje Girolamo Savonarola, un radical del Renacimiento que pretendió impregnar de valores religiosos a quienes se dedicasen a la tarea de la res pública. Siguiendo con esos paralelismos, hemos visto que a Renzi le pasa un poco lo que según Nicolás Maquiavelo le ocurría al monje; parece un iluminado. El autor de “El Príncipe” hacía hincapié en la necesidad de que los gobernantes sean muy cuidadosos en la elección de sus equipos, de manera que se hagan rodear de personas que huyan de la lisonja y sepan cantarle al jefe las verdades del barquero con toda su crudeza.

Línea al circo de la política romana

No ha dado tiempo a conocer hasta qué punto Enrico Letta era capaz de recuperar el grado de confianza de los ciudadanos con unas recetas que, aunque tímidamente, estaban comenzando a dar sus frutos en materia económica. Letta es un políglota europeísta convencido y fue la segunda opción del anciano presidente de la República, tras el fracaso del tecnócrata Mario Monti, un fenómeno curioso para politólogos al tratarse de un primer ministro surgido de la agenda de Angela Merkel y no de una jornada electoral. Con este tercer intento del alcalde florentino, Giorgio Napolitano ha dibujado la raya en el suelo, el límite al que para él ha llegado el circo en que se ha convertido la política romana.

Hasta el momento, Napolitano había movido los hilos para ejercer influencia en la composición de los diferentes consejos de ministros habidos durante su mandato. Pero en esta ocasión parece haber arrojado la toalla ante los caprichos del nuevo “bambino” . Matteo Renzi ha hecho de su Gabinete un collage con una notable presencia femenina, ex colaboradores de Silvio Berlusconi y algún fundamentalista católico, -acaso como recuerdo al entorno del que procede- , una especie de muestrario con nombres y apellidos para encarar los desafíos que se requieren para cambiar el rumbo de una gestión previa demasiado trufada de fracasos y citas judiciales. En este país inigualable, que alguien se plantee como reto completar una legislatura es una misión a todas luces imposible. Ahí están los antecedentes. Italia ha tenido tantos gobiernos como años transcurridos desde que el Eje perdiera la Segunda Guerra Mundial. Sería deseable que este nuevo Ejecutivo pudiese agotar su tarea para el tiempo que le ha sido encomendada. Y, sobre todo, que la voluntad de los italianos quedase reflejada en el resultado que arrojen las urnas, y no en luchas internas a golpe de daga como en la Florencia renacentista. Cinco siglos después, a los grandes partidos italianos les queda la asignatura pendiente de cumplir las aspiraciones de Nicolás Maquiavelo, para quien primaba la organización por encima de las personas.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.