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No me moverán

Reforma Laboral: aún quedan obstáculos

Febrero 13, 2012

¿Se echarán al monte los sindicatos? Ellos tienen el derecho a negociar, lo reconoce la Constitución, pero en ningún caso a legislar. Han tenido años para negociar y no lo han hecho. Hasta el Gobierno Rajoy les dio una última oportunidad que acabó en las primeras semanas de enero ¿Creían que el Gobierno podría permanecer quieto con cinco 5.300.000 mil parados?

Durante los años que mediaron desde la transición al inicio del siglo XXI los líderes sindicales demostraron capacidad de pacto, responsabilidad y diálogo. Los actuales dirigentes, Méndez y Fernández Toxo, han dilapidado desde su elección el capital que tan esforzadamente acumularon sus antecesores.

Antes, si un empresario se quejaba de su comité de empresa se le podía argumentar que los sindicalistas de las cúpulas eran más razonables y se podía negociar con ellos; había muchos acuerdos que se hacían gracias a la intervención de los cuadros sindicales de las organizaciones territoriales o sectoriales. María Jesús Paredes, la secretaria general de Banca de Comisiones Obreras, fue una de las artífices de los acuerdos de reestructuración en la banca española que ha permitido al sector ser competitivo a nivel mundial.

Da la impresión que el zapaterismo no sólo acabó con el hábito del consenso en política, también parece que lo anuló en el mundo sindico-empresarial. Quizás no es bueno retroceder a otras épocas, pero es evidente que hay que encontrar nuevas vías de entendimiento, nuevos mecanismos ¿Nuevos protagonistas? En todo caso, lo evidente es que las actuales se han quedado anticuadas.

Cuidado con los reglamentos

Lo quieran o no los sindicatos y la oposición, la Reforma está en marcha. El Real Decreto Ley está publicado en el BOE. Claro está que Romero Robledo, el político de la Restauración, ya dijo: “Hagan ustedes la Ley y dejen que yo haga los reglamentos”. Los sindicatos y el PSOE pueden llamarse a la parte y decir que quieren negociar el desarrollo reglamentario de la Reforma.

Es el campo de los recovecos ministeriales que tienen que elaborar los reglamentos de desarrollo. Ahí se puede trabajar y limar algunas asperezas, siempre y cuando se respeten los límites que marca el Decreto Ley. La CEOE y todos aquellos que estén a favor del espíritu de la Reforma harían bien en vigilar esos recovecos. Por ejemplo, los Servicios Públicos de Empleo pueden desbaratar la función de las Empresas de Trabajo Temporal como Agencias de Colocación, que ha impulsado el Gobierno.

 Cuidado con el Parlamento
 
El segundo campo de negociación puede ser el Parlamento, si una vez convalidado el Decreto Ley se tramita a continuación como Proyecto de Ley. Ahí hay más posibilidades de modificación. De hecho, a la última Reforma socialista le pasó esto: modificaciones introducidas en el Congreso desfiguraron algunos de sus capítulos hasta hacerlos inoperantes.

Además de los anteriores el campo definitivo de la Reforma es la aplicación práctica de las medidas que contiene. Ahí los protagonistas son varios: empresarios, directivos, trabajadores, sindicatos, administraciones competentes, jueces de lo social,… Al final la vida está por encima de las normas. Algunas serán inapelables, como las indemnizaciones mínimas por despido. En otras, como la flexibilidad horaria dentro de la empresa, dependerá de los acuerdos puntuales de sindicatos y empresas.

Todos estos son los obstáculos que la Reforma tiene que sortear para que haga lo que pretende: cambiar la cultura de las relaciones laborales en España. Sus partidarios harían bien en no olvidarlo.

José Ramón Pin. Profesor del IESE. Titular de la Cátedra de Gobierno y Liderazgo en La Administración Pública.