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Otras opiniones

Reflexionar si vale la pena

Mayo 29, 2014

DEBERES

Se miraron. Él, joven, no tenía claro el concepto pero le invadía la rebeldía. Ella en cambio, con experiencia en estas cosas, mantenía la calma en actitud inflexible. Él quería zanjar el asunto. Ella, hacer su trabajo. Hubo silencio mientras medían sus fuerzas. Finalmente, él dijo:

       Repetiré este ejercicio para mañana.

       Has aprendido una lección importante – dijo ella, – no darte por vencido -.

CONTROL

       ¿Llegas al autobús? – escuchó decir a su jefa mientras miraba el reloj.

Aquella frase detonó algo dentro de él. – Y si no llego, ¿qué? – pensó para sí. Un hecho irrelevante como era coger este transporte o el siguiente, de repente adquirió una connotación de bien o mal en su cabeza. Ahora era perder el autobús. Con las implicaciones negativas que esto despertaba en él, en su entorno. Por instantes, enfureció. Luego comprendió que no era tan significativo. Y contestó:

       ¿Acaso importa?

PRISAS

Miraba en ambas direcciones, tratando de escoger la escalera por la que bajar al andén. El panel indicaba un minuto para el próximo tren. ¡Qué carreras! Se encamino hacia las mecánicas, sin dejar de mirar la otra. Parecía que había menos gente por el otro lado. Y sin darse cuenta, se metió por las escaleras de subida. Tropezó y cayó. Bajó rodando un tramo, hasta dar con alguien que le detuvo. Cuando paso en incidente, el tren se había ido.

Ahora tenía todo el andén vacio para él. Y buen rato para recuperarse del percance. Y quizás pensar en lo que le había pasado. Reflexionar si vale la pena.

MÓVILES

Jugaban con el móvil de Lara. Era la nueva. Muy atractiva. Iba de mano en mano. Ahora tuyo, ahora mío. De pronto, se abrió la puerta y entró la directora del centro. Una urgencia. Salieron corriendo de la sala. El móvil quedo encima de la mesa. Una vez sólo, pensó: – qué oficio tan duro el mío, no pueden vivir sin mí -. Instantes después apareció Lara para recogerlo y llevarlo consigo.

Y así, el teléfono fetiche va ganado peso en la sociedad actual.

RUIDO

La mujer no se callaba. Ni debajo en agua. Meter baza en la conversación era como hacer un hoyo de golf de par tres de un solo golpe. Como acertar una quiniela. Seguía buscando interlocutor entre sus compañeros de mesa, aquel intrépido o incauto que la mirase, ya fuera por corrección o decoro, para darle continuidad a sus interminables historias. Algún conato de conversación empezaba en el otro extremo de la mesa, que ella apagaba con su espontaneidad de bombero.

Un hombre mayor que estaba en otra mesa tomando un café dijo enérgicamente: – ¡Se quiere callar, señorita! Esta usted privando a este local de su bello silencio -.

 

© Javier González Cantarell