Menú Portada
Mensaje en una botella

Recuerdos de Selectividad

Junio 10, 2015

Las mañanas de Selectividad siguen oliendo a papel, lápiz y rotulador. Como siempre. Da igual que la tecnología se haya apoderado de la mayor parte del escenario. Ahí arriba, en las tablas sobre las que se representa la obra de la Selectividad, sigue teniendo una presencia fundamental el material de papelería que continúa acompañando a quienes se examinan.


Ayer viajé durante unos minutos en el mismo vagón del Metro en el que un grupo de estudiantes regresaba de su examen de Selectividad. Prestar atención a sus palabras era inevitable porque gritaban con ese ímpetu del alumno que acaba de quitarse de encima el mayor peso de encima. En esa época de tu vida, tal vez lo recuerdes, piensas que ese examen es la experiencia más aterradora que vivirás hasta el fin de tus días.

Y, con el paso del tiempo, he concluido que es bueno pensar así en ese momento porque te ayuda a tomar conciencia de que la vida no va a ser siempre un paseo por el planeta Felicidad. Bien es cierto que las experiencias aterradoras que se sucederán después, ante las que el examen de Selectividad</strong> parecerá una partida de parchís, demostrarán que eras un iluso. Pero todos tenemos derecho a dejar de ser unos ilusos a base de pegarnos una buena leche.

¿Quién no ha aprendido a base de darse de bruces con la cruda realidad? Ese golpe, ese trastazo, esa bofetada es una lección como las que aprendes antes de presentarte a la Selectividad. Lo que ocurre es que en este caso, la lección viene después. En cuatro palabras, al estilo Rita Barberá: “¡Qué hostia, qué hostia! 

Alguna lágrima furtiva

Los recuerdos de Selectividad se agolpan en mi memoria, mientras me cruzo con los estudiantes que ahora pasan por ese trance. Son recuerdos tan blancos como los sueños que se cruzaban por mi mente, tan grandes como las nubes transparentes del verano que quiere jubilar a la primavera y tan auténticos como la inocencia de un niño que jugaba a ser mayor en esa época en la que te crees el rey del Mambo.

Los recuerdos de la Selectividad son como una crema hidratante con poderes rejuvenecedores que ya no se vende en farmacia, porque está descatalogada, pero que aún puedes encontrar en un rincón de tu memoria. O sobre las tablas de ese escenario antes mencionado, en el que ahora se representa esta función que hace sonreír a los más jóvenes y que hace derramar alguna lágrima furtiva a los que añoran la juventud.

Tantos años después, un examen sigue cambiando el Destino. Tanto tiempo después, el paisaje vuelve a llenarse de caminantes que son como Edipo: llegan a una encrucijada de caminos y deben elegir uno. Medita bien la elección porque ese camino te conducirá a la meta. Y esa meta es tu Destino.

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero