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¡Qué fuerte!

Ranciovisión

Mayo 20, 2016
barei

Un año más nos volvemos a casa con el rabo entre las piernas, cabizbajos y decepcionados. Es lo que nos toca año tras año después de participar en el festival de Eurovisión. Ya no es lo que era. La familia reunida en torno a la tele con la libreta para hacer la porra y la ilusión de ver participar a España se ha tornado en la decepción de saber que el ganador está entre unos cuantos sin opción alguna para nosotros. Aunque sigue teniendo audiencia, la edición celebrada hace una semana ha sido la menos vista en los últimos nueve años. Aun así, asegura RTVE que siguen obteniendo beneficios a pesar de los gastos. Me alegro por ellos pero no por los españoles. Participar en este surrealista festival europeo de la canción en el que tienen cabida inexplicablemente países como Canadá o Turquía, nos cuesta a los españoles un mínimo de 350.000 euros. A esto habría que añadir los gastos de estancia y dietas de toda la delegación  española que se desplaza, mínimo, una semana antes, al país anfitrión. Asegura el ente público que estos gastos no son nada comparados con lo que genera la participación y su emisión.

La vergüenza de quedar siempre entre los últimos

No será nada para ellos que, supuestamente obtienen beneficios, pero sí para los españoles que somos los que pagamos y la única repercusión que tenemos es la vergüenza de quedar siempre entre los últimos puestos de este festival amañado y cada vez más politizado. Los países del este votándose entre ellos, un sistema de tele voto que nadie entiende todavía y la participación de países que no son europeos. Un festival cada vez más surrealista por el que han pasado grandes de la música y también los chiquilicuatres más patéticos de la historia que, increíblemente, quedaron en mejor posición que las actuaciones mejor preparadas.

Confieso que sigo siendo fan, aunque no como antes, de este festival. A pesar de intuir el resultado antes del final, sigo manteniendo la esperanza de un puesto digno pero, la verdad es que este año estaba cantado que no pasábamos del quinto puesto, pero por la cola. Una canción estresante con un ridículo baile y en inglés: magnífica representación que ha quedado en el puesto que merecía. Reconozco que la chica canta bien y que la actuación estuvo marcada por la fuerza y seguridad en el escenario pero el look, el estilismo y la puesta en escena dejaron mucho que desear comparados con otras actuaciones. Espero no ser la única a la que el movimiento de pies le producía cierta vergüenza ajena. ¿No había una coreografía mejor?

Supongo que, a pesar de las críticas, RTVE no dejará de participar en este festival que debería llamarse “Ranciovisión” así que, solo nos queda asumirlo y esperar a ver con qué nos sorprenden el año que viene.

Rosana Güiza

rosana@rosanaguiza.com