Menú Portada
Atando cabos

Rajoy y el muñeco

Mayo 5, 2013

Se ha abierto la veda. No hay piedad. El que no tire pelotas al muñeco no está en este mundo, no entiende lo que pasa, va contracorriente. A la izquierda, a la derecha, al centro, los ricos, los pobres, los parados, las clases medias, los banqueros, las grandes empresas y también las pequeñas. Todos tiran pelotas contra el mismo muñeco de feria: Mariano Rajoy Brei, presidente del Gobierno.

Y hay razones. La cifra de paro es su losa, tremenda y dramática losa, que no es una cifra, sino personas con nombres y apellidos. Pero… lo mismo de dramático era hace dos semanas cuando la Encuesta de Población Activa (EPA) decía 5,9 millones de parados, y ahora dice 6,2 millones. ¿Cuál es la diferencia? La desazón, el hartazgo, y también algo muy español. La autoflagelación, la autodepresión, la decadencia, el autoodio. Ha sido tal el batacazo, que cualquier dato positivo no es creíble.

Pero creo que es de justicia poner todos los datos sobre la mesa. Hasta hace pocas semanas nos levantábamos por la mañana pensando soliviantados que ese día o esa semana nos intervenían. Que ya no podíamos más. Que era imposible que Bruselas y Alemania siguieran confiando. Estábamos cerca del cierre definitivo de nuestros mercados, al borde la suspensión de pagos. Los inversores externos no confiaban en absoluto en nuestro país, y sólo esperaban el día y la hora nuestro rescate definitivo. En ese momento sí estábamos como Grecia, o Portugal. Desde el Gobierno, ya entonces, se nos pidió calma, un poco de paciencia.

Hasta hace poco el rescate a España era inevitable, ahora nadie habla de ello

Se nos dijo que los mercados se estabilizarían, que la ayuda a la banca iba a ser fundamental, que los inversores iban a volver a confiar y que el Banco Central Europeo nos respaldaba. Bien, pues fue exactamente así, como nos dijo el Gobierno. La pesadilla de la intervención ha desaparecido. Ya nadie habla del rescate a España. Aquellos que de forma vehemente lo pedían aplicando aquello de “cuanto peor mejor” han visto cómo sus nefastas expectativas fracasaban. Ya nadie habla del rescate a España. Y esto no ha ocurrido por arte de magia. El trabajo y la responsabilidad política y económica a todos los niveles han funcionado.

Con la crisis financiera ha ocurrido algo parecido. Resulta que según dijo el anterior presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, teníamos el mejor sistema financiero y bancario del mundo. Cuando todos los países pidieron ayuda para sanear sus bancos nosotros dijimos que no, que no nos hacía falta. Pasó un año y el batacazo de la banca fue tal, que casi nos arrastra a esa irremediable intervención de la que hablábamos. Cuando hablamos de los bancos no son sólo esos pingüinos trajeados multimillonarios. Aunque responsabilidad en la gestión tienen y deben de pagar por ello. Pero los bancos también son todos y cada uno de los ciudadanos que tienen depositados sus ahorros. Es caro, ha sido caro salvar a la banca española, pero si hubiéramos probado a dejarla caer, indudablemente el precio hubiera sido nefasto. La inyección de capital ha saneado a gran parte de la banca. Ahora deben hacer todo lo posible para que fluya el crédito. Obligándoles incluso a ello. Pero el agujero, de momento, se ha salvado. 

Estuvimos al borde de la suspensión de pagos, al borde del rescate, de la intervención de todo el país. Pero ahora, por supuesto, eso se ha olvidado, estamos mucho peor, nos dicen y le dicen al “muñeco”. Volvemos al catastrofismo. Un rayo de esperanza, un dato positivo como crecer en 2014, algo en lo que coinciden todos los organismos internacionales, es algo condenado al fracaso del hastío. La desesperanza de 5 años de crisis.

Pero quizá destruir al “muñeco” en este momento es la peor de las soluciones. Sí lo es, exigirle, obligarle a que cumpla, forzar a que defienda los intereses de todos.

 
Juan de Dios Colmenero es Redactor Jefe de Nacional de Onda Cero Radio