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No me moverán

Rajoy no puede ir de sumiso en Europa

Abril 16, 2013

En este mes el Gobierno tiene que presentar nuevas medidas a la Unión Europea. Rajoy y su equipo debe reflexionar antes de tomar las decisiones definitivas. La política económica actual ha tenido un mérito: ha alejado, por ahora, el fantasma del rescate. Rescate que está costando grandes sufrimientos a los países del sur; Portugal es un ejemplo. Pero esa política no ha conjurado el efecto más perverso de la crisis: el aumento desaforado del desempleo.

No es un consuelo anunciar que la economía volverá al crecimiento en el último trimestre de este año y que, a la vez, el paro pasará del 26% al 27%. A las familias no les importa el número de variación del PIB, les interesa el del desempleo. Y, además, el paro genera disminución de ingresos públicos porque deprime el consumo y aumenta los gastos públicos por las prestaciones y subsidios.

Reducir el desempleo exige crédito

España ha hecho parte de sus deberes para reducir el desempleo: ha flexibilizado el mercado laboral y reducido los salarios. En consecuencia, su sector exterior ha crecido. Las exportaciones suben. También se reducen las importaciones por descenso del consumo. El resultado: equilibrio e, incluso, superávit en la balanza comercial. Bueno, pero insuficiente para reducir el desempleo; para que baje el paro debe crecer aún más la demanda, el consumo ¿Cómo?

Animando a los consumidores internos y externos y ayudando a los empresarios. Eso exige que haya crédito. Obama así lo ha entendido y ha regado con liquidez EE. UU. Con ello reduce el valor del dólar, mejora la competitividad de su economía al hacer más baratos sus productos y crece el consumo interno. Los clásicos se preocupan porque está política puede generar inflación. No es cierto. Cuando existe capacidad productiva ociosa, el aumento de demanda no impulsa los precios al alza.

La cantidad de crédito depende de Europa, del BCE

En la zona euro, la cantidad de crédito depende de Europa, del BCE. Hasta ahora la bajada de tipos de interés europea ha sido moderada y, desde luego, menor que en USA. El BCE ha sido tacaño. Tacaño, cuando decidió no emitir eurobonos para financiar a los países con problemas. Tacaño, porque reduce los tipos de interés a remolque de los de la Reserva Federal americana. Tacaño, porque ofrece dinero baratísimo a los bancos de la Eurozona para que estos compren deuda soberana, en lugar de hacerlo directamente. El resultado: falta de crédito a PYMES y consumidores, creando desempleo masivo en los países del sur.

Eso provoca reducción del consumo, disminución de los ingresos por impuestos y déficit público al alza. En consecuencia, hay que agudizar la austeridad fiscal. Austeridad fiscal que conduce a una mayor reducción del consumo. Un círculo vicioso infernal.

Rajoy tiene que plantarse en la UE

El 26 de este mes el Gobierno tiene que presentar un nuevo plan para responder a las críticas de los Eurócratas descontentos con España. El plan no puede ser sólo de medidas de austeridad, ni tampoco puede ser exclusivo de España. Tiene que incluir incentivos al empleo, a las PYMES, y políticas para aumentar el crédito. Políticas que ahora dependen del BCE.

Rajoy no puede ir de sumiso. Tiene que plantar cara y decirlo claro en la UE. Para ello,   conviene que busque aliados: otros países en riesgo. Francia es el más claro y el más poderoso, aunque puede que no sea el más fiable. A lo mejor, es bueno imitar las actitudes del nacionalismo catalán o vasco respecto a España: anunciar que si Europa no responde razonablemente España tampoco lo hará ¿ha llegado el momento de plantarse ante Eurócratas y Cancilleras?

J. R. Pin Arboledas. Profesor del IESE