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Otras opiniones

Rajoy en su hora de la verdad

Enero 23, 2011

La Convención Nacional que los populares han celebrado en Sevilla, además de llenar minutos de Telediarios durante el fin de semana -que no deja de ser importante-, ha servido para dar el verdadero y auténtico pistoletazo de salida por parte del PP a una interminable precampaña electoral que sólo tendrá trasbordo en las elecciones territoriales del 22 de mayo y que se va a alargar hasta las generales.

El partido de Rajoy ha puesto a su líder todos los litros posibles de queroseno para lanzarle a una velocidad de crucero que tiene a la Moncloa como único punto de destino y lo ha hecho con ésta Convención como referencia y sabedor de tres grandes verdades:

la primera, que ningún partido se gana sin salir de los vestuarios. Hay que despeinarse y, por lo tanto, no vale sólo ver pasar el cadáver del enemigo y de sus errores. A propósito de esto, las teorías de Arriola se han mostrado como válidas hasta ahora: que los socialistas se vayan recociendo en sus propios errores y acaben ahogándose con su propia cuerda.

Aplausos para acallar

Pero cuando llega la hora de la verdad, hay que poner sobre el tapete algo más que dé carta de solidez a los diecisiete puntos de diferencia que las encuestas dan de ventaja al PP sobre el PSOE –de ocho a diez puntos según las cuentas que Pérez Rubalcaba ha barajado con José Blanco-, y hasta cinco o seis puntos únicamente y con la que está cayendo, según sondeos no publicados de las propias fundaciones socialistas en Gobelas si “ZP” no fuera el candidato a repetir en La Moncloa.

La segunda gran verdad es la de la unidad en un partido que sabe que gana enteros cuando se muestra como el casco de de un rompehielos por mucho que Cascos presentara simultáneamente en Asturias su nueva formación política. Los populares se ocuparon más de que los aplausos a Pérez Espinosa acallaran los comentarios en los pasillos de la Convención acerca de lo que decía y hacía el ex secretario general en el principado.

 

Salvo excepciones

A ello se sumó la “disciplina” de destacados defensores de Álvarez Cascos, como el Presidente de Honor José María Aznar que, incluso en su “día de gloria” de apertura de la Convención, supo mantenerse en un discreto segundo plano y a disposición del “futuro Presidente del Gobierno“; o la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, cuyas llamadas a acabar con los privilegios de la clase política en lo relativo a las pensiones casi nublaron al propio Rajoy.

Y la tercera es la de situarse ante los españoles como una real y  auténtica alternativa de Gobierno al zapaterismo; por ello, siempre se optó por los mensajes conciliadores, por no sacar los pies del tiesto -excepción hecha del ya asumido como verso suelto Jaime Mayor Oreja y sus acusaciones al Gobierno de abrazar con la Ley del Aborto la “cultura de la muerte“-, y por poner en negro sobre blanco propuestas cercanas a lo que más preocupa hoy en el debate político y social: la de acabar con el privilegio de los parlamentarios frente al resto de españoles en el número de años de cotización para acceder a una pensión. Puede tener tintes demagógicos, pero desde luego que ha llegado donde pretendía llegar, máxime en un momento en el que los barones socialistas, por mucho que defiendan el actual sistema autonómico con la boca pequeña, saben que un fracaso en la negociación Gobierno-agentes sociales a propósito de la reforma de las pensiones, puede ser nefasto para sus intereses electorales de cara a los comicios de mayo.

La premonición de Felipe González

Y sobre esto, que es la auténtica clave para la flotación del Gobierno en los próximos meses, el partido de Rajoy se va a guardar la baza del apoyo parlamentario al Gobierno hasta haber verificado que lo agentes sociales, los sindicatos y  la CEOE de Rosell han pasado por el aro. Si no es así, el Gobierno tendrá que apechugar ante la presión de “su” izquierda pero también ante la lupa inmisericorde de los mercados.

Y es que, esto del debate de las pensiones puede ser de todo salvo nuevo. Lo sacó a colación, hace exactamente diecisiete años, un tal Felipe González cuando, en su ocaso como Presidente del Gobierno, afirmó en un encuentro de los socialistas europeos celebrado en la localidad portuguesa de A Rábida que “dentro de unos diecisiete años” (ahora), puede que yo no cobre íntegra mi pensión“. La consecuencia inmediata ya la conocen: el debate sobre la idoneidad de los fondos privados de pensiones y la ruptura con la UGT. Un debate que, como diría el propio Rajoy “no es cosa menor” para ir calibrando el arranque de la hora de la verdad para el PP.

Julián Cabrera es Director de Informativos de Onda Cero Radio