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Otras opiniones

Racistas por el mundo

Septiembre 20, 2010

Estoy muy sorprendida con todo el revuelo que se ha organizado por la decisión de Sarkozy por su decisión de expulsar a todos los gitanos rumanos que se encuentran en Francia en situación irregular.           
A menudo se olvida que el crecimiento demográfico globalizador es en ocasiones negativo, cuando se trata de poblaciones marginales que no cuentan con otra salida potencial que no sea la delincuencia. No me parece un acto racista por parte del gobierno francés que se tomen decisiones reguladoras de una inmigración marginal y especialmente cuando lo que se trata es de repatriarles a su país de origen con todo tipo de garantías y sin que se vean mermados sus derechos humanos.
Alemania, que ha dado la callada por respuesta debía mirar más hacia su ombligo cuando se trata de criticar actos racistas…y si no, lean la carta que me he visto obligada a enviar este verano al Cónsul de España en Alemania ante el episodio racista que yo, personalmente y mi familia hemos protagonizado en agosto en una ciudad próxima a Berlín. Tengo que agradecer al Cónsul Rafael Chaves su generoso y amable trato y la constante preocupación que ha mostrado. Si no fuese por él y las personas que nos atendieron en el Consulado al día de hoy creería que Hitler sigue vivo.
 
Excmo. Sr. Cónsul de España en Alemania:
 
Mediante el presente escrito, quisiera que me permitiera poner en su conocimiento los incidentes ocurridos durante mi última estancia en Alemania, por creerlos merecedores de su justa y ecuánime valoración, así como acreedores de las acciones que su Excelencia estime oportunas adoptar, en aras de proteger los derechos fundamentales de las personas, y en concreto de los españoles que visitamos Alemania.
 
Sin más preámbulos, le participo los hechos en los que desafortunadamente me he visto envuelta:
 
El pasado día 9 de agosto, mi madre y yo emprendimos viaje a Alemania para visitar a mi hermana que reside en Leipzig desde que contrajo matrimonio, hace tres años. Allí nación su  hija de un año de edad. Mi hermana actualmente está en avanzado estado de gestación, exactamente de seis meses.
 
Concretamente, el día 10 de agosto nos desplazamos en coche alquilado (Compañía de Alquiler de Coches a las afueras de Leipzig para visitar la casa que habíamos alquilado durante el periodo comprendido entre los días 10 al 15 de agosto. Cuando nos hallábamos a escasos 2 kilómetros del destino, nos obliga a detenernos un varón de considerable envergadura que gesticulaba briosamente.
 
Al bajar las ventanillas, nos sorprenden sus gritos en alemán. Mi hermana, que domina perfectamente este idioma, nos pide que nos vayamos corriendo, mientras trata de informarnos que es un hombre que no está bien y que habla de que le hemos dado un golpe con el coche. Mi hermana Elena es psicóloga y tiene amplia experiencia profesional en tratar graves patologías. Al parecer no cejaba de repetir que debíamos pintarle el coche y que acabábamos de darle un golpe en su vehículo en aquella glorieta donde estábamos parados y donde según su versión existían testigos que lo habían visto. Fue completamente imposible abandonar el lugar ya que el citado individuo nos bloqueo la salida, interponiendo su vehículo delante del nuestro, para así y en contra de nuestra voluntad obligarnos a permanecer durante tiempo prolongado sin más compañía que sus gritos (Hablaba sólo).
 
Por supuesto, no habíamos tenido percance alguno; ni con ese hombre ni con objeto alguno; y por tanto no le concedemos mayor importancia que la que se puede otorgar a un desequilibrado. Pero poco después de llegar a nuestro destino, aparece el mencionado personaje con nuevos gritos y visiblemente malhumorado. Para nuestro alivio, se empeña en llamar a la policía.
 
Digo bien nuestro alivio, porque nuestro grupo estaba formado por:
 
     Mi madre, una señora de 73 años de edad y que sufre de numerosas dolencias.
2.     Mi hermana, embarazada de seis meses.
3.     La hija de mi hermana de un año de edad.
4.    Yo, que teniendo en cuenta mi estado de salud y mi condición de abogada en ejercicio, debería haber asumido el papel de proteger al resto, sino hubiera contado con el gran hándicap de no saber alemán.
 
Aproximadamente dos horas más tarde llega un vehículo de policía. Para nuestro desconcierto, y desconsuelo, un agente femenino comienza a negarse a hablar con mi hermana y escuchar su versión mientras se burlaba de nosotros con gestos inequívocos, alegando que no le gustaban los españoles debido al trato vejatorio y ultrajante que ha sufrido en su última estancia en España. Todo lo anterior era relatado por el agente de policía masculino que la acompañaba y que sí estuvo dispuesto a escucharnos a pesar de que desde el inicio ambos policías decidieron conceder veracidad al supuesto siniestro que sigue reclamando el hombre alemán, a pesar de ser manifiestamente incierto. Para más inri, se nos comunica que el supuesto incidente había tenido lugar no en la Plazuela sino en el domicilio del citado individuo, y que su vecino había sido testigo, todo lo cual corrobora la falsedad de las aseveraciones mantenidas por el citado caballero, pues ante la policía cambio los datos que nos había vertido en un primer momento y encima se nos imputa haber cometido los hechos en un lugar en el que no hemos estado nunca.

Es en este preciso instante cuando decido telefonear al consulado español en Berlín.
Hacemos ver expresamente que, al tener una mujer mayor, una embarazada y un bebé, necesitamos disponer de condiciones confortables y por supuesto de un trato, digamos que, más considerado para lo cual la Sra que me atiende en el Consulado me ruega que le pase el teléfono para poder hablar con el agente de policía. Según nos manifestó posteriormente la Policía mi hermana tendría que quedarse retenida hasta que llegase un equipo de investigación.
 
En la confianza de que al llegar el equipo de investigación, se acabaría la situación surrealista que estábamos viviendo, y considerando que finalmente y por extraño que pareciera, nos encontrábamos bajo el amparo de la ley, decidimos aguantar estoicamente hasta el final.
 
El equipo de investigación comparece aproximadamente 2 horas más tarde; y después de unas 2 horas de “concienzudo trabajo” concluye que, a la vista de una señal de aproximadamente 2 milímetros de diámetro que presentaba el vehículo del individuo, que sí ha existido el siniestro reclamado. Además nos conminan al pago de 35 € por haber hecho acudir a la policía innecesariamente y haciéndonos saber que caso de no abonarles detendrían a mi hermana.
 
Ante la situación de desprotección e injusticia que indiscutiblemente se nos estaba creando; decido llamar al Consulado. Puedo afirmar, sin temor a equivocarme y ruego sea comprobado si disponen de esa posibilidad, que estuve al menos 30 minutos al teléfono.
 
En la Embajada se me manifestó que no podían hacer nada y que lo que podrían intentar es hacernos llegar botellas de agua para que mi madre, mi hermana y mi sobrina no se deshidratasen, pero que tampoco podría asegurármelo. En cuanto a los 35 euros de multa, que nos aconsejaba efectuar el pago puesto que desconocían el sistema jurídico y administrativo alemán y que lo único que podrían hacer es enviarme al día siguiente un listado de abogados. Y ante la petición de que acudiera alguna persona de la embajada para intervenir diplomáticamente, se nos niega con rotundidad.
 
Solamente indicarle, Excelencia, que después de un total de SIETE HORAS DE RETENCIÓN y sin más protección que el sentido común, no nos quedó más alternativa que ceder ante estas inconcebibles pretensiones y por supuesto pagar los 35 euros con los que fuimos sancionadas.
 
En base a todos los hechos narrados, sólo me cabe requerir su consideración en dirección no solo a la reintegración de los 35 euros, sino de las actuaciones que resulten más convenientes para obtener una satisfacción moral que aminore el daño causado; ya sea en forma de las pertinentes explicaciones a los superiores de los agentes involucrados o de la manifestación adecuada de los representantes diplomáticos tanto germanos como españoles.
 
Por otra parte y teniendo en cuenta que es la Embajada española en Alemania, quien debería velar por la protección de los intereses españoles; por la defensa de las posiciones y puntos de vista españoles ante las autoridades alemanas; quien debe informar a nuestro gobierno sobre la evolución de la política interior o exterior alemana; quien debe cuidar las relaciones amistosas entre ambos países y para finalizar, quien debe ocuparse del desarrollo de las relaciones económicas, culturales y científicas entre los dos países; creo que hechos como los expuestos en este escrito no pueden caer en el olvido ni quedar impunes; y que sería necesario recabar el apoyo y la colaboración de las autoridades locales competentes.

No podemos obviar que corresponde a los Consulados la función de proteger y asistir a los nacionales españoles, víctimas de delito o abuso o que por alguna razón hayan caído en una situación de grave desgracia o necesidad, de tal manera que no resulten discriminados por su condición de extranjeros. 

Creo oportuno recalcar que no pretendo que la embajada “pague una multa” sino que teniendo en cuenta el estado de las personas involucradas y la masacre de los derechos fundamentales más elementales que se ha realizado, investigue lo aquí manifestado y exija que las actuaciones futuras de las autoridades locales transcurran por los cauces legales y reglamentarios; sean españoles o germanos los sujetos intervinientes.

Adjunto copia de la sanción impuesta, en la que se recogen detalles de los agentes actuantes.
En la confianza en su equitativo y recto proceder, quedo a la espera de sus noticias.
Atenta y respetuosamente,


Teresa Bueyes Hernández
Abogada Colegiada ICAM nº 54.928