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Otras opiniones

Quiénes son los culpables

Mayo 4, 2010

Recuerdo, que en una de las maravillosas clases que impartió el magistrado del Tribunal Supremo Manuel Marchena, un compañero levantó la mano y le preguntó: ”¿Cree Usted justificadas las filtraciones judiciales a la opinión pública?”

En virtud de la agudeza que personifica el magistrado, éste, contestó de manera concreta a lo que a su parecer, sucedió, sucede y sucederá en esta nación.

En España, es de tiempos inmemorables conocida la afición de sus gentes a la pantomima, el folclore y el cotilleo. Por ello no es de extrañar que nos encontremos en un reino poco serio, donde existen algunas ventajas como la de disponer de “la mejor liga del mundo” ,“ los toros”, o el valioso privilegio de tener que controlar al camarero para que no se pase sirviéndonos un “cubata”. Pero donde detentamos enormes desventajas, como la que nos atañe en este caso concreto.

En España, a diferencia de otros muchos países de su entorno, la filtración en la práctica, de información secreta judicial, no parece constitutiva de delito, lo que permite a los periodistas ampararse en su derecho al secreto profesional y por lo tanto permitir la superposición del derecho constitucional a la información sobre el derecho constitucional a la intimidad y al honor.

Cruce de derechos

Ustedes se han parado a pensar el daño que puede ocasionar a una familia víctima de un suceso trágico que se encuentra en investigación, la constante interrupción en sus vidas privadas para informar de aparentes novedades en un caso determinado, o el deterioro moral que produce la creación de falsas expectativas con el único fin de obtener más audiencia o vender más periódicos. Alarmado me encuentro ante la presencia de trescientos periodistas y dos agentes policiales para recabar pruebas en el “supuesto” lugar del delito. Y es que me parece intolerable que se produzca este desajuste que perjudica a todos los profesionales implicados en las tareas de resolución objetiva.

Solo se hace evidente la puesta en funcionamiento de esta maquinaria de propaganda ridícula para fomentar intereses creados en determinados ámbitos político-empresariales, y por ello reniego a intentar cambiar este panorama que se presenta desalentador para el funcionario de Justicia.

Firmemente defiende a sus compañeros de carrera, negando de manera rotunda la dedicación a una profesión extraordinaria por intereses políticos, económicos o por mera detentación de poder. Son los mismos medios los que acusan a unos jueces de realizar acciones determinadas para sus propios intereses, los que años después descartan opiniones, resoluciones… de los mismos, porque carecen de importancia para su negocio mediático- empresarial.

Y es esta la raíz del problema: uno se levanta por la mañana, lee los diferentes diarios matutinos y parece encontrarse en diferentes países. Estas son sus cartas y tengan por seguro que apuestan fuerte. La abundante información superficial que nos abruma diariamente confunde nuestros sentidos y anestesia nuestra memoria. Por ello es importante recordar que la historia juega un papel fundamental en esta partida, y es esta la que termina desenmascarando a los monstruos de papel.

El problema se ha enraizado tan profundamente en los entresijos de nuestras carnes, que solo los Dioses saben cómo cambiar las prioridades, los objetivos y los valores de una sociedad, que está enferma, pero que repudia terminantemente someterse a una radiografía para valorar los cuidados “intensivos” que necesita para curar su patología.

Alejandro Serrano es estudiante de Derecho, Políticas y Económicas