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Otras opiniones

¿ Quién pierde más, el que engaña o el que es engañado ?

Octubre 18, 2010

Dice un proverbio árabe, de aquellos que curiosamente siempre suelen tener razón, que “la primera vez que me engañes, la culpa es tuya, pero la segunda vez, la culpa es mía”.
Si tuvieras que elegir entre engañar o ser engañado, ¿con cuál te quedas? Se me ocurrió hacer esta pregunta en repetidas ocasiones, a diversas personas. Ese tipo de cuestiones que surgen un buen día, conduciendo mismamente. Llegando a casa una noche cualquiera. Generalmente todos preferían el papel del engañado, salvo excepciones.
Habría que tener en cuenta para entender la respuesta, si el engañado es consciente de su papel o no. Porque el mentiroso, indiscutiblemente sabe lo que hace y cómo lo hace. La persona que inventa o manipula, vive permanentemente con el peso de su conciencia, salvo los casos en que ésta no exista (quisiera pensar que estos personajes escasean).
Visto objetivamente, ambos papeles son indeseables, pero no podemos obviar que existen. Ser engañado y saberlo, posiblemente duele, hiere. Y engañar, a no ser que nos encontremos ante una persona con pocos escrúpulos, puede llegar a ser realmente desagradable.
Las múltiples respuestas me conducen a la opción más preferible: ser engañado y no descubrirlo nunca. Si bien es cierto que vivimos en una mentira, es nuestra mentira. Creer firmemente en ella la convertirá en realidad. Al menos de esta forma estaremos escapando del sufrimiento, de la decepción o la frustración.
En ocasiones, descubrimos el engaño, pero no deseamos verlo y huimos de ello. Ahí es donde hace su aparición el proverbio árabe. La primera vez puede ser un shock, completamente inesperado. Creer en algo que de un día para otro se derrumba ante tus ojos, como los castillos de arena, pisados, derruidos. Si ha ocurrido una vez, podrá ocurrir mil veces más. A partir de la segunda mentira, la culpa será nuestra. Sólo nuestra.
El mentiroso compulsivo, vive en una burbuja irreal, fantástica. Es una espiral sin retorno, y acabará engañándose a sí mismo. Engañar no conduce a ningún sitio, tal vez sentirse por encima de todo por unos instantes. Y no deja de ser un juego, un juego insano. Convertir el sentimiento de otro en un juguete. ¿Ganando qué? Absolutamente nada… Mentir es la señal de la incorformidad en la vida.
Muchas veces me pregunto quién gana más, el que ama o el que es amado. Sin duda el que ama, porque a fin de cuentas es el que siente, el que vive, el que, de alguna manera, es feliz.  Y del mismo modo, creo que más pierde el que engaña, aquel que ha de buscar fuera. Porque quien busca es porque de algo está falto, y sin ese algo, difícilmente se puede rozar la felicidad.

Si en lo que me queda de vida, me regalaran la posibilidad de elegir entre estos dos mencionados papeles, sin duda, prefiero que me engañen. No quisiera perder lo que podría perder… bajo el tupido velo de la mentira. Prefiero creerme a mi misma.

Mary Lou

marylou@extraconfidencial.com