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Los puntos cardinales

¿Quién manda en Libia?

Mayo 21, 2014

En Octubre se cumplirán tres años de la muerte de Muammar El Gadafi, un tirano al que los rebeldes asesinaron como a la peor de las alimañas ante las cámaras, imagen que hizo pensar a todo el mundo en qué manos caía Libia. Y transcurrido este tiempo, las sospechas se han tornado certezas. El pasado domingo, un grupo de hombres fuertemente armados asaltaba el edifico del Parlamento en la capital, Trípoli, y exigía que los diputados reconociesen a su jefe, el general retirado Khalifa Haftar, como único capaz de garantizar cierto control y de ser el contrapunto a las bandas islámicas que se mueven con absoluta libertad por el país.

Horas después, los choques entre los hombres de Haftar y las milicias islámicas se trasladaban a varias zonas de Bengazi, la segunda ciudad de Libia. Porque tras Gadafi, en su día el impulsor del terrorismo internacional que acabaría años más tarde regalando sillas de montar a los gobernantes occidentales, uno de los países más importantes de África se veía sumido en el más absoluto desorden. Hasta entonces había un garante de la estabilidad. Sí, de acuerdo, un estrambótico personaje con mirada de lunático. Pero, con todo y con eso, se le podía invitar a algún foro multilateral. Es decir; estaba integrado en el sistema de relaciones internacionales. Pero tanto han cambiado las cosas que el parlamento no tiene ninguna operatividad legislativa, con una parálisis que impide que pueda redactarse una nueva constitución y un gobierno cuyos máximos responsables dimiten con alarmante frecuencia, con el pánico como principal causa para el relevo.

El caos libio

Recuerden el secuestro de quien fuese primer ministro, Ali Zeidán, cautivo por un grupo de agentes del Ministerio del Interior, antiguos rebeldes. Esto nos sirve para hacernos una idea de quién integra esas unidades. Más recientemente, su sucesor, Abdullah Al Thinni, hacía púbica su renuncia por la incapacidad de configurar un gabinete estable y duradero. En realidad, Al Thinni y su familia habían sido previamente objeto de un ataque. La inestabilidad se sustenta en esa proliferación de bandas armadas que, por culpa de la sensación dominante de desprotección, son contratadas como equipos de escolta y seguridad sin que sus empleadores puedan tener confianza absoluta en ellos. Es, pues, un paraíso para las milicias y para la adquisición de las ingentes cantidades de arsenales de armas disponibles tras el derrocamiento del anterior régimen.

Cuando desde distintos ámbitos se asegura que Libia es un volcán a punto de entrar en erupción se puede tener una idea de cuál es el horizonte más inmediato. Es un cóctel muy complicado en el que se mezclan la inestabilidad armada y la incapacidad de las autoridades para controlar el negocio del petróleo, que en tiempos de la familia Gadafi reportaba beneficios a la población. El suministro energético en los hogares, la sanidad y la educación, las ayudas a las nuevas familias, las políticas sociales de apoyo a la maternidad y unas cifras de alfabetización realmente envidiables eran el orgullo de la república árabe. Pero los libios han perdido todo eso, lo que supone perder sus esperanzas de futuro, y el caos les ha traído algo que nunca tuvieron, a Al Qaida a las puertas de sus casas.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.