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Mi Tribuna

¿Quién le aconseja a Rajoy sobre su estrategia en campaña?

Noviembre 29, 2015
rajoy cope

Esto de la precampaña electoral es una caja de sorpresas. En realidad siempre lo ha sido, pero las connotaciones de ahora transforman las cosas hasta ofrecer situaciones impensables en otras circunstancias más convencionales. Las elecciones del 20 de diciembre son diferentes. Por la incertidumbre que arrojan las encuestas y, fundamentalmente, por el estreno en unas generales de dos nuevos partidos que van a irrumpir con fuerza en el arco parlamentario abanderados por sendos líderes de evidente peso mediático. A partir de ahí, como aquella canción “ya nada volverá a ser como antes”.

Estrategias políticas al margen, Pablo Iglesias y Albert Rivera representan una amenaza seria por la manera de hacer llegar sus respectivos mensajes. Estoy completamente seguro de su influencia frente a los grandes partidos, obligados a reinventarse e introducir nuevas fórmulas inimaginables en otras épocas menos convulsas.

Respeto al electorado

Por delante, no critico a una vicepresidenta bailando en un plató de televisión o sincerándose a fondo con Calleja ni al líder de la oposición trepando por aerogeneradores. Total, el presidente más poderoso del planeta hace el saque de honor de la Super Bowl o indulta a unos pavos en Acción de Gracias. Es un problema de cultura y, sobre todo, respeto al electorado que otras democracias tienen absolutamente integrado sin entenderse como mofa o, más bien, una desesperación inusitada para buscar hasta el último voto posible.

Llevamos unos días escuchando diferentes voces, más o menos indignadas, por el criterio que han seguido unos y otros a la hora de afrontar las invitaciones para los debates electorales. Fundamentalmente las críticas señalan a Mariano Rajoy, que estará en distintos puntos de atención, pero ha rechazado participar en un encuentro a cuatro con los principales candidatos a la presidencia del Gobierno. Hombre, no ha sido lo habitual en nuestra historia, pero tampoco pasa nada porque un presidente aficionado al fútbol ejerza de comentarista radiofónico ocasional. Tampoco que acuda al programa de moda de Bertín Osborne o acompañe a María Teresa Campos a vivir tiempos felices. Cada partido, cada candidato, marca sus normas en función de los focos de población que quiera abarcar. En este caso, Rajoy aprovecha escaparates para diferentes lucimientos entre los seguidores del deporte, los más de tres millones que suma Bertín cada miércoles o un público más adulto y adepto al programa de la Campos. El matiz llega cuando Rajoy envía a Soraya Sáez de Santamaría a debatir frente a Sánchez, Rivera e Iglesias. Elude la confrontación con aquellos llamados a marcar la agenda política de España los próximos cuatro años desde el lugar que señalen los resultados electorales, pero con la seguridad de contar con indudable protagonismo.

¿Cuestión de cobardía?

No me creo que su ausencia sea una cuestión de cobardía. Me niego porque la experiencia política del presidente a lo largo de su trayectoria le debería aportar ese poso de sabiduría en estos lances que no tienen ninguno de los otros tres aspirantes. Pero el Partido Popular y Mariano Rajoy han simplificado su agenda y solo se medirá en un cara a cara con Pedro Sánchez. Ese error ya hace partir con desventaja al PP, que pone en bandeja el argumentario de la ausencia a sus oponentes. De entrada, empieza perdiendo porque estamos en unos tiempos donde no basta con ciertas cosas y hay que dar la cara. La vicepresidenta puede ser muy importante o brillante, pero no es la candidata del PP a La Moncloa. También es otro error no asumir que Rivera e Iglesias ya son actores principales de nuestra vida política e incluso que pueden tener un papel determinante para la gobernabilidad futura. Ellos debaten, en universidades, en todas las televisiones posibles. Rajoy se esconde.

Nuestra democracia se mide por muchas cuestiones. Una de ellas, el respeto al electorado que tiene la suficiente madurez como para no entender determinadas cuestiones. No es simplemente eso de que sí hay tiempo para ir a una radio mientras se niega un debate. Se puede ir a la radio, a tu casa, la mía, a bailar al hormiguero o al plató de María Teresa Campos. Pero es inadmisible ignorar los tiempos que corren; que son nuevos porque estamos ante otro momento en el que se requiere, primero humildad para saber interpretarlo, pero también inteligencia para no cometer esos errores que luego las urnas no perdonan. Y, de verdad, ya van unos cuantos sin haber empezado.

Félix-Ángel Carreras Álvarez

@fcarreras68