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Mensaje en una botella

Quien esté libre de cuernos…

Enero 22, 2014

Quien esté libre de cuernos, que tire la primera piedra. François Hollande se ha convertido en el diestro del ruedo nacional en Francia, siguiendo la estela de sus antecesores Sarkozy, Chirac o Mitterrand. La estadística es demoledora: ser inquilino del palacio del Elíseo te convierte en un hombre con tendencia a dejar a la primera dama a los pies de los caballos. De los caballos del picador de una corrida, de seis toros seis, de la que ella forma parte inevitablemente.

¿Acaso libera el palacio del Elíseo un virus que convierte a todo presidente de la república en presidente adúltero? ¿Estamos ante un fenómeno que debería ser investigado por programas como La rosa de los vientos de Onda Cero? Hablaré con Bruno Cardeñosa para la ocasión porque esto tiene pinta de encerrar un gran misterio. O no. Tal vez sea algo más sencillo.

Los cuernos son tan antiguos como el amor. La infidelidad es consustancial a la fidelidad porque la una no existiría sin la otra. Esta aparente perogrullada es algo que debemos tener en cuenta. Para valorar realmente la fidelidad, hay que haber conocido la infidelidad. O, al menos, haber oído hablar de ella. Pero en el caso que nos ocupa, al presidente de Francia no le basta con haber oído hablar de ella. Él prefiere catarla. 

Te adoro, gordi 

Según Michaël Darmon, corresponsal político del canal de noticias i-Téle, el presidente Hollande declaró recientemente en un encuentro con periodistas: “No quiero primeras damas en el Elíseo”. Darmon no ha podido precisar si Hollande hablaba de la figura de la primera dama en general o se refería a Valérie Trierweiler, su todavía esposa a la que ha engañado con la actriz Julie Gayet. En el caso de que el presidente se planteara dejar fuera del palacio a las primeras damas, ¿buscaría una residencia accesoria para ellas? ¿Existiría en ese caso una residencia para quien preside la república y otra para su cónyuge?

Los nuevos tiempos imponen nuevos escenarios, aunque cuesta creer que la innovación pueda llegar tan lejos en instituciones tan sagradas como la presidencia de la República Francesa. Aunque no es imposible, parece improbable. Cuesta imaginar al presidente saliendo del palacio del Elíseo para ir a recoger a la primera dama a otra residencia y luego dirigirse juntos al aeropuerto para emprender un viaje oficial al extranjero.

En la vida cotidiana de quienes no habitamos un palacio hay, en cambio, situaciones parecidas a la descrita. Quienes vivimos en residencias comunes y no palaciegas, conocemos parejas peculiares que organizan su vida como mejor les parece. Y conocemos triángulos amorosos como el que forman Hollande, Gayet y Trierweiler. Incluso conocemos cuadrados o pentágonos, que en la vida hay mucho cuento y mucho vicio.

Pero, sobre todo, sabemos que nadie está a salvo. Que cualquiera puede ser engañado por su querido o querida cónyuge. Que nunca puedes estar seguro de un “te quiero, churri” o un “te adoro, gordi”. Que jamás puedes tenerlas todas contigo. Porque, cuando menos te lo esperas, puedes convertirte en el tercero de la tarde de seis toros seis. Menuda faena.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero