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No me moverán

Querido lector, que prefiere: ¿Un mercado caro y regulado o libre y barato?

Junio 16, 2014

La semana pasada los taxis se declararon en huelga 24 horas. Muchos se preguntaban la razón de su reivindicación. La repuesta no era que se quejaban de que el Ayuntamiento había regulado mal el servicio. Tampoco que los delincuentes les hacían la vida imposible y habían matado uno de ellos para robarle; ni que el precio de la gasolina o los impuestos se llevaban una parte importante de sus ingresos. No, los taxistas se quejaban de lo que se puede definir como: “Competencia Desleal”.

Una compañía de “esas de internet” ofrece un servicio para compartir transporte. Basta con ponerse en contacto a través de ella para conseguir un traslado a un precio muy inferior al regulado por el mercado oficial. No es nuevo. Desde hace tiempo se puede ir de Madrid a Valencia, viceversa o trasladarse entre dos puntos geográficos de manera informal, contactando a través de internet con otro viajero. Basta con que alguien tenga que hacerlo y ofrezca un asiento en su vehículo por un módico precio y la compañía.
 
¿Mercado innovador o economía sumergida?
 
Claro está que gran parte de ese mercado es sumergido. Siempre lo ha habido, pero la existencia de internet es lo que hace que se pueda disparar su existencia. Entonces, los que están en el mercado oficial y regulado dicen que eso es competencia desleal ¿Lo es? El fenómeno de esta “economía compartida”: ¿Es mercado innovador o economía sumergida?
 
Las dos cosas. Pero el Estado debería reflexionar sobre el fenómeno ¿No será el exceso de regulación, que hay en todas las actividades económicas formales, uno de los causantes de la aparición de estos fenómenos de “economía compartida” informal o sumergida?
 
El hecho de que haya tantas normas e impuestos acaba abriendo oportunidades para los que no las siguen ¿Entonces por qué las regulaciones? Hay muchas razones: la defensa de los consumidores, la seguridad en el puesto de trabajo, la necesidad de aportar para la hacienda pública… También es verdad que la regulación puede crear un “monopolio” u “oligopolio” levantando barreras artificiales de entrada en el mercado. A veces la defensa de este “interés particular” es el fondo de la reivindicación, disfrazada con otras razones.
 
¿Es excesiva la regulación de la economía formal? ¿Se puede frenar la economía libre?
 
Esta creación de barreras de entrada tiende a reducir el riesgo del negocio. Pero ya se sabe, el riesgo y la rentabilidad están inversamente relacionados. Por eso, aquellos que bordean las normas, tienen más riesgo, pero crecen. Ante esta situación la doble reflexión es: ¿Es excesiva la regulación de la economía formal? ¿Es posible frenar a la economía libre?
 
Puede que la respuesta a la primera pregunta sea sí: la regulación es excesiva. Un ejemplo son los horarios comerciales. Su limitación ha sido una reivindicación de los pequeños comerciantes (no todos), pero el consumidor prefiere la libertad y la competencia que reduce precios y mejora el servicio.
 
Puede que la respuesta a la segunda sea que es muy difícil frenar una economía que resuelve necesidades de forma más eficiente que la economía regulada. Cuando se quieren poner demasiadas “puertas al campo” la imaginación humana encuentra caminos para saltárselas. Máxime con la explosión de las nuevas tecnologías.
 
Al final decidirá el comprador
 
Por eso, tarde o temprano, la solución es: desregular algo los mercados oficiales y controlar más la economía libre.
 
Porque la elección es entre: un mercado regulado y caro, u otro libre y barato. Mucha seguridad para el consumidor con precios altos en el mercado oficial; más riesgo para el comprador con menos coste en el segundo. No nos equivoquemos, tarde o temprano, tenemos que elegir como clientes.
 
De todas formas, como explica la historia será el usuario, es el que decidirá al final. Es decir: Usted.
 
J. R. Pin Arboledas. Profesor del IESE, director del Executive MBA, Madrid