Menú Portada
Otras opiniones

Qué tiene lo prohibido que nos gusta tanto

Octubre 3, 2010

Podemos enfocar esta pregunta en diversas facetas de la vida, en todos los aspectos, el ser humano se caracteriza por tener una gran atracción por aquello que “no podemos tener”, aquello que supone cruzar la barrera, superar las leyes, los límites impuestos, es decir, lo prohibido.
Desde la infancia nos prohíben cosas constantemente, desde no poder jugar a la pelota en casa hasta no poder bañarnos sin manguitos. Entonces nace sin darnos cuenta un ferviente deseo de rebasar esas normas impuestas en casa, a pesar de los castigos posteriores.
En la adolescencia especialmente nos volvemos rebeldes, y hacemos todo aquello que no nos permiten hacer. Llegar más tarde de la hora de la cenicienta, fumarnos un pitillo o cien a escondidas, montar en coche con desconocidos. Y lo hacemos con un sentimiento profundo de satisfacción, con esa chispa de beber de lo prohibido.
Durante toda nuestra vida nos persiguen las imposiciones, primero nuestros progenitores, después van surgiendo poco a poco, incluso en ocasiones somos nosotros mismos los que nos autoflagelamos, imponiéndonos normas morales que nos impiden de alguna manera, ser libres. Y esa privación, a su vez nos hace disfrutar infinitamente más cuando nos saltamos nuestras propias prohibiciones.
En las relaciones, sucede exactamente lo mismo. Deseamos a las personas aparentemente imposibles con más intensidad que a las que tenemos cerca y disponibles a nuestro alcance. Puede incluso llegar a convertirse en algo compulsivo, obsesivo, el desear a quien no podemos tener.

Una persona puede ser más o menos deseada según su papel dentro de nuestras relaciones sociales, es decir, la novia de nuestro mejor amigo podría pasar desapercibida si la viéramos pasar por la calle, delante de nosotros. Sin embargo en el momento en el que adquiere ese papel, se convierte de forma automática, bien por ética, o por moral en un icono, el imposible. 

En otras circunstancias podríamos observar relaciones complicadas, que por diversos motivos no llegan a consolidarse. En esta situación idealizamos a la otra persona, basta el no llegar nunca a tenerla para que sea el gran amor imposible de nuestra vida. 

Esperar toda una tarde una llamada de teléfono, intentar de forma compulsiva obtener la atención del otro, conformarse con pequeñas migajas de tiempo. ¿Por qué? porque sabemos que no lo tenemos, que aparentemente está, pero está muy lejos. Y es algo que nos crea un sentimiento de frustración permanente, incluso a veces llegamos a infravalorarnos, nuestra autoestima se desploma.

Quisiera tenerte y no puedo. Qué gran realidad, cuántas veces habrá pasado esto en cualquier lugar del mundo. Lo prohibido, lo anhelado. Las grandes historias de amor son a menudo protagonizadas por amores imposibles. Marguerite Duras, en 1984 escribió El Amante, novela autobiográfica intensa, con pinceladas de dolor por un amor perdido.

Joan Manuel Serrat cantaba aquello de “soy ese vicio de tu piel, que ya no puedes desprender, soy… lo prohibido. Soy esa fiebre de placer, que te domina sin querer, soy tu castigo. Porque en tu falsa intimidad, en cada abrazo que le das, sueñas conmigo…”

Y si observamos objetivamente, la prohibición es enteramente creada por el ser humano, desde los tiempos más remotos. Somos nosotros mismos los creadores de nuestra cárcel. Por una parte necesaria, pero a la vez es la gran traba a la libertad personal. El caramelo más agridulce cuando nos permitimos el lujo de probarlo. Y sí, lo prohibido se convierte en lo anhelado.


Mary Lou
marylou@extraconfidencial.com