Menú Portada
Otras opiniones

¿Qué será lo que tiene la belleza que la hace tan deseable?

Octubre 23, 2014

Paulatinamente se solidarizaron todos en la causa común de contemplarla. Ellos y ellas. Un colectivo deleitándose ante la rareza. Cuando se levantó para marchar se hizo silencio.


TEMOR

Y volvieron a juntarse. Repetían el mismo bar y los mismos postres. La música sonaba parecida y por un instante sintió que era todo igual. Pero entonces la sombra de la duda se instaló de nuevo. Ya no volvería a confiar en ella. Le venía la imagen de su mujer con aquel otro hombre y se le removían las tripas. Entonces intentó alejar estos pensamientos de su mente y mirarla fijamente a los ojos. Pero cuando creía estar en el buen camino, la negrura de su iris se convirtió en pantalla donde filmaban la imagen del adulterio. Sintió que sus sentimientos se hacían añicos. Se levantó y dijo: “Este pastel me está sentando mal”. Y se fue, zigzagueando al salir.

Ella le observó marchar y se preguntó cuánto tardaría en perdonarla. 

 
EQUIPO

Era un instante delicado. Había realizado un largo viaje para estar a punto de perderlo todo. A veces, una simple respuesta desafortunada actúa como pivote. La palabra no hace sino expresar lo que llevas dentro. Es la parte visible del hielo flotando en agua. Requirió una buena dosis de autocontrol para no ser pasto de sus emociones.  

       Quiero hacerlo -, tragó saliva, – pero necesitaré ayuda -.

Su interior gritaba aterrado, le indicaba que no sería capaz de lograrlo. Pero una creciente confianza en sí mismo le reconoció el derecho a dudar. Y cómo cualquier ser humano, la honestidad consigo mismo hizo el milagro. Tenía miedo, claro está. Pero no iba a sucumbir ante ello.

       ¿Qué necesitas? – le preguntó.

El círculo se cerraba. Su interlocutor le brindaba lo que estaba necesitando. Colaboración.

 
SOCIEDAD

La luz sobre la pared hacía tres formas ovoides. La superficie gris aterciopelada se veía magnífica. A ratos un collage, a otros un estuco. Bajo ella un banco corrido con mesitas redondas. Bien juntitos se encontraban dos enamorados. Era fácil adivinarlo por el poco espacio que ocupaban. En el otro extremo, absorto, bajo un mural al oleo, un joven en camisa escribía en su portátil. En la puerta esperaba alguien mientras llegaba su acompañante. Varias parejas conversaban en mesas altas. Todos juntos en un ecosistema armonioso creando belleza. Una persona entró con la voz alzada a su móvil. Cada cual siguió con lo suyo.

Como en la música, la armonía acepta algún sólo de violín en su seno.

 
IMPORTANCIA

       ¿Qué voy a obtener yo de esto? -.

La pregunta era legítima, si bien su actitud no. De repente, se había tensado como una cuerda de guitarra. Algún pensamiento había corrido por sus neuronas. Su interlocutor vio peligrar la operación. Intereses personales eran malos de conjugar. Especialmente cuando repuntaban como astillas.

       Lo que tú quieras -, a lo que añadió: – ¿qué es lo que quieres? -.

El primero se relajó inmediatamente. La sombra del cóndor había pasado. Se sintió más un buen diplomático que un comerciante. La conversación continuó amigablemente. Y finalmente no pidió nada adicional. Cerraron según los términos iniciales.

Al parecer, sólo quería saberse tenido en cuenta.

 
FARO

La calle se hallaba sesgada por una lluvia torrencial. En el interior del recinto, una hermosa mujer con el pelo largo se estiraba esculturalmente para admiración de los que la veían. Su afortunado acompañante no daba signos de percatarse de este hecho. Ella bebió un sorbo y algunos sintieron sus labios contra la taza. ¿Qué será lo que tiene la belleza que la hace tan deseable? Paulatinamente se solidarizaron todos en la causa común de contemplarla. Ellos y ellas. Un colectivo deleitándose ante la rareza. Cuando se levantó para marchar se hizo silencio. Su pareja le tendió el abrigo por la espalda y empuñó un paraguas. Los vieron adentrarse en el mar de lluvia como un barco zarpa en medio de la tormenta. En algunos corazones quedaba el romanticismo de soñarla suya.

© Javier González Cantarell