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Mensaje en una botella

¡Que se jodan!

Julio 19, 2012

La bolsa escrotal y la jodienda son a algunos políticos lo mismo que la luna a la noche o el sol al día. Se han convertido en referentes indispensables para los momentos de mayor excitación pública, cuando el discurso no parece encontrar un camino por el que avanzar, cuando el cerebro no da más de sí y cuando el razonamiento se desvanece. Cuando un político no sabe qué decir en esos momentos, acude a veces a referentes genitales que engrandecen la notoriedad de su palabras en la misma medida en que empequeñecen la consistencia de sus argumentos.

Esos modales, que en privado pueden pasar inadvertidos, se convierten en algo muy distinto cuando son captados por un micrófono. Es decir, cuando los protagonistas son pillados. No es que la mujer del César tenga que parecer lo que es, además de serlo. Pero casi. El repertorio que sirve para ilustrar la teoría antes enunciada es amplio, pero bastan unos ejemplos como muestra.

En abril de 1997, Federico Trillo (PP) dejaba escapar en un pleno del Congreso: “¡Manda huevos!” El por entonces presidente de la Cámara Alta ignoraba que su micrófono estaba abierto. En diciembre de 2008, Pedro Castro (PSOE) se preguntaba en un acto del Ayuntamiento de Getafe: “¿Por qué hay tanto tonto los cojones que todavía vota a la derecha?” El alcalde getafeño presidía en aquella época la Federación Española de Municipios y Provincias.

En julio de 2011, José Bono (PSOE) exclamaba en la Cámara Alta: “¡Estoy hasta los huevos”. El entonces presidente del Congreso de los Diputados había sido también víctima de un micrófono que creía cerrado y resultó estar abierto. Hace unos días, en este mes de julio de 2012, Andrea Fabra (PP) soltaba un contundente: “¡Que se jodan!” en el Congreso de los Diputados. Según la parlamentaria, el insulto iba destinado a los socialistas. Según los socialistas, iba dirigido a los parados que perderán una parte de sus prestaciones por desempleo. 

El Parlamento es un casino 

Los huevos o cojones son preferidos por los varones, de acuerdo con este pequeño pero ilustrativo sondeo. No concluiremos que tres de cada cuatro políticos pillados in fraganti son varones y prefieren recurrir a los testículos como metáfora. Pero podría ser. Tampoco sería justo concluir que uno de cada cuatro políticos cogidos con las manos en la masa es mujer y se decanta por una forma verbal referida a la jodienda. Pero podría ser igualmente.

Los políticos españoles dicen tacos porque los demás españoles dicen tacos con regularidad. Camilo José Cela, premio Nobel de Literatura, escribió en el prólogo de su libro Cachondeos, escarceos y otros meneos (1991): “A mí me cuelgan el sambenito de los tacos, pero injustamente. Por ejemplo, en la conversación no suelo decir tacos. Los tacos tienen que estar en su sitio. Bueno, pues la gente se rasga las vestiduras. Ya se sabe, la farsa. Lo que es evidente es que esos que se escandalizan de ciertas palabras, usan esas mismas palabras en el casino. El español, con frecuencia, tiene una lengua para la familia y otra para el casino, y esto es una farsa, sí, la hipocresía en el uso del lenguaje”.

Siguiendo el razonamiento de Cela, podríamos deducir que el Parlamento es un casino. Pero no todos se comportan igual en el casino. Los políticos a los que se refiere este artículo son una parte de la clase política y no la clase política en su totalidad. Así que me gustaría aprovechar estas líneas para proponer a cualquiera de ellos que esté tentado de irse de la lengua, que piense primero lo que va a decir. Hay demasiado en juego en nuestra Democracia como para que dejemos el Destino en manos de jugadores de ruleta.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero