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Otras opiniones

¿Qué se esconde tras la lúgubre mirada de los McCain?

Octubre 7, 2009

Ya están otra vez cargando contra unos y otros. Los McCain siguen firmes en la búsqueda de su hija Madeleine. Dos años después de su desaparición, los padres insisten en que no hay pruebas fehacientes que demuestren que su descendiente está muerta. Su desaparición fue la punta de un iceberg que, de pronto, se convirtió en noticia destacada en medio planeta. Se puso cara a un problema mundial. Cada año, más de un millón de niños son víctimas de redes de secuestro, formando parte de las listas de menores desaparecidos. Aunque en este caso todavía no hay nada claro, lo cierto es que en muchos casos son los propios padres los que se encargan de traficar con sus propios vástagos. Nunca antes se había visto que alguien que pierde a su hijo intente rentabilice tan llamativamente todo lo de su alrededor. Más sorprendente es, sin embargo, que hasta contrataran a representantes televisivos y portavoces.
Los McCain desean seguir sacando tajada de un asunto que huele a naftalina y que sigue ocultando grandes misterios. El padre de la criatura se encuentra en España para participar en conferencias relativas a la intimidad y reputación de aquellos anónimos que son llamados a debate en el plano público. Bochornoso, teniendo en cuenta que, antes de acudir a los tribunales, esa “anti familia” se puso en contacto con diversos medios de comunicación para hacer constar la desaparición de su hija. Aprovechando su visita a nuestro país, Gerry McCain asegura que se va a centrar en una nueva pista que estos días sitúa a Madeleine en Barcelona. Clama al cielo que ellos mismos solicitaran el fin de las investigaciones en Portugal, donde se les investigó como sospechosos, y ahora pretendan reabrir el caso en fronteras colindantes. Suma y sigue. Sin duda alguna es la forma menos descarada con la que poder seguir reclamando que los crédulos ciudadanos sigan ingresando cuantiosas cantidades económicas en sus cuentas corrientes. Me llama poderosamente la atención la sangre fría con la que los padres siguen exprimiendo a esa niña de grandes ojos verdes a quien todavía buscan como si estuviera viva. ¿Nadie se ha parado a analizar la enrarecida mirada de ambos progenitores? A mí me hielan la sangre.
Siendo tétrico y hasta malpensado podría llegar a la conclusión de que todo esto es un invento para lucrarse sin medida y que, en realidad, la pequeña Madeleine corretea a su antojo por un verde prado allende los mares. O, que como dice Anthony Blake, todo es producto de mi imaginación. Ya puestos, es lo único que queda en un culebrón en el que lo menos importante es el paradero de Maddie.

Saúl Ortiz es periodista y novelista