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Otras opiniones

¿Qué hacemos con el Rey?

Julio 3, 2010

Ustedes ya saben de qué va este escribidor: defensa de la Constitución y su espíritu, acorralada por la caverna de ultraderecha y por los cavernícolas secesionistas y porque la clase política no le sigas tomando el tupé al pueblo. Lo demás todo es discutible.

 

La ofensiva de los políticos ineficaces, burgueses e incompetentes catalanes representados por el charnego Montilla, el farsante de Joan Saura y el amigo de los etarras, es decir, de los terroristas el hijo del guardia civil maño Carod Rovira tendría que haber tenido ya una respuesta constitucional, lo cual no significa blandengue ni travestida, por parte de los que tiene la obligación de defender al Estado de tanto picachorras por precio.

 

Rodríguez Zapatero, ese tonto de baba que dicen en la prensa europea (Sarkozy incluido) que es, se ha limitado de nuevo, fiel a su propio estilo vacuo, huidizo, sin fuste, a poner cataplasmas en un asunto como el de la unidad nacional que no admite componenda alguna. Lo progre, lo moderno, lo guay hoy es defender a la nación más antigua del mundo, o lo que es lo mismo, a su pueblo llano representado principalmente por trabajadores por cuenta ajena y la buena gente de la calle.

 

Los nobles, los burgueses, el Ejército, la Corona traicionaron a ese pueblo en 1808 y en cuantas ocasiones se prestaron a ello.

El Jefe de Estado

Lo que es incomprensible es el silencio del Jefe del Estado. Ya sé que su rol constitucional le impide opinar o manifestarse sobre cuestiones “políticas” pero no estamos hablando aquí de un mero asunto partidario en modo alguno. Estamos hablando de la supervivencia del propio Estado tal y como lo configuró la Carta Magna de 1978.

 

Ya sé que don Juan Carlos aprendió de los errores de sus antepasados especialmente de su abuelo Alfonso XIII cuando tomó partido por el dictador Primo de Rivera y otros políticos al uso.

 

Pero si cree que va a mantener la Corona en su regia cabeza mirando hacia otro lado cuando lo que se pone en cuestión es la supervivencia del Reino es que no está listo como algunos edecanes de cámara pregonan.

 

Ganarse el sueldo día a día, como el Rey dicen que enseñó al Príncipe de Asturias, es precisamente plantar cara al cierzo y conectar con la inmensa mayoría del pueblo español que quiere seguir siendo español. Comprendo que es más difícil asistir a la final de un partido de fútbol; comprendo también que es más cómodo dar carrete a los enemigos del Estado que hablan abiertamente de dinamitarlo.

 

¿Es pensable esto en un país serio de nuestro entorno? Oiga, Majestad, NO.

 

El día que España deje de ser tal usted no dura ni un minuto viviendo de los Presupuestos. Tengo para mi que tendrá que hacerle un hueco su cuñado Constantino en Londres o en algún país de los emiratos árabes.

 

Y como no quiero que eso suceda y deseo que permanezca la institución, junto con la Constitución, es por lo que escribo esto.

 

Luego no diga que no se le avisó, aunque también comprendo su inquietud, su desazón y la dificultad de su tarea.
 

Graciano Palomo es periodista, analista político y Editor de Ibercampus.es